La chispa que incendió la pradera fue una revelación aparentemente inocente: el rescate de los bancos en México durante 1995 fue proporcionalmente más costoso para el país al que aguarda a los Estados Unidos.El golpe que para México representó 20% del Producto Interno Bruto, allá significara, al menos en la perspectiva actual, un porcentaje inferior… por más que aún no se ve el fondo del barril. No se preocupe, pues, señor Barack Obama, hay casos peores. Es más, las travesuras de los banqueros gringos, que otorgaron préstamos hipotecarios sin garantías suficientes y luego revendieron la cartera vencida con aval de sus propios activos, no son nada frente a las de los mexicanos. Vamos, el peor de ellos se queda corto ante un Carlos Cabal Peniche. Lo que soslaya la perorata del ex presidente es que en México, de acuerdo al informe final planteado por el auditor canadiense Michael Mackey, se rescató a lo bancos más importantes del país sin sustento real que avalara la acción. El gobierno, pues, asumió la cartera en problemas de Banamex y Bancomer cuando éstos estaban aún en proceso de reparto de utilidades. Más aún, tampoco se colocaron en la mesa exigencias para que los banqueros endurecieran sus esquemas de cobranza para recuperar de lo perdido lo que aparezca. Total, papá gobierno paga. Como recordará usted, dado que la mayoría de los préstamos tenía etiqueta de incobrable, la recuperación en promedio fue de apenas cinco centavos de cada peso, llegándose al escándalo de un centavo en créditos quirografarios, es decir sin garantías específica alguna, otorgados por la mayoría de los bancos, pese a estar prohibidos. El gran negocio, así, fue para las intermediarias que adquirieron los créditos chatarra, opción que se negó a los acreditados. Ahora que, a diferencia de Estados Unidos, en México se asumieron las carteras de préstamos con etiqueta de impagables sin costo patrimonial para los bancos, lo que impidió una mínima recuperación del dinero de los mexicanos. Más allá, en nuestro país se realizaron alocadas ventas de bancos sin licitación al calce, que derivaron en gangas para la banca extranjera, en un escenario en que 80% del sistema está en manos de ellos, colocando en tela de duda la soberanía financiera del país. En este momento, para no ir lejos, la suerte del segundo banco más importante del país, Banamex, está en manos de su matriz de Estados Unidos, el Citigroup. Como recordará usted, el Scotiabank canadiense se apoderó, “a vistas”, es decir como simple opción de compra, de 55% del banco Inverlat, pagando sólo 235 millones de dólares. Y si le seguimos, la diferencia más notable entre el Fobaproa gringo y el esquema que se planteó en el país, es que el primero mantiene la exigencia de llegar hasta las últimas consecuencias en el deslinde de responsabilidades de los banqueros, a quienes de entrada se les acotarán sus ingresos a un tope máximo. Fuera, pues, los bonos millonarios. En México ningún banco perdió las acciones de las empresas que había adquirido con el dinero de los ahorradores. Más aún, tampoco hubo mayor escándalo al descubrirse el otorgamiento de préstamos relacionados, es decir, otorgados a los propios accionistas o parientes directos de éstos, para la adquisición de activos industriales o turísticos. De qué tamaño sería la manga ancha del gobierno zedillista, que hace unos meses un grupo de ex accionistas de Inverlat demandaron al Scotiabank ante las cortes de Nueva York, en reclamo de una parte del capital del banco que les había ofrecido el gobierno “cuando se compusieran las cosas”. ¿Y conoce usted algún pez gordo que haya pisado la cárcel por la feria de préstamos sin sentido ni sustento, además del director de Banca Confía, Jorge Lankenau, dado que Carlos Cabal Peniche, el presidente del Banco Unión, quedó como blanca paloma a su regreso al país? De hecho, la impunidad provocó ya una nueva oleada de problemas, al lanzarse como confeti tarjetas de crédito. Se diría, pues, que el ex presidente Ernesto Zedillo se hizo el harakiri. Balance general Colocado en el callejón tras una serie de operaciones fallidas de derivados; la devaluación de la moneda que agravó sus problemas de sobreendeudamiento, y hasta la nacionalización de sus plantas en Venezuela, Cementos Mexicanos logró lo que parecía misión imposible: renegociar sus pasivos. Estamos hablando de un respiro de dos años. La hazaña la alcanzó la firma encabezada por Lorenzo Zambrano tras lograr el apoyo de un sindicato de cinco bancos internacionales que le otorgó créditos para sustituir los de corto plazo. Deuda nueva, pues, por vieja. De entrada, la firma refinanció 2 mil 300 millones de dólares de créditos bilaterales que vencían éste y el próximo año, además de extenderse a diciembre de 2010 un pago de mil 700 millones de otro préstamo sindicado de 3 mil. El apalancamiento, lo adivinó usted, esta ligado a la compra de la cementera australiana Rinker, cuyo costo total fue de 14 mil millones de dólares. La posibilidad la habían colocado en duda las calificadoras de EU, dado el escenario recesivo mundial. Regalote a Kimberly Quien logró a la callada una importante devolución de impuestos el año pasado fue la empresa Kimberly Clark México, cuyo importe se desconoce. Sin embargo, la firma señala en un reporte a la Bolsa Mexicana de Valores que la acción de la Secretaría de Hacienda le permitió equilibrar el incremento de sus pasivos en dólares, tras la devaluación que el año pasado alcanzó 38% en relación a su punto más bajo de cotización. El juicio duró dos años en los tribunales. Mundo al revés La nota, en un evento preliminar del Foro Económico Mundial celebrado en Zurich bajo el título de “The Emerging Markets Investor Roundtable”, la dio al presidente mundial de la firma Havas Media, Alfonso Rodés, al advertir que sería un error para las empresas en este momento difícil cortar el gasto publicitario y comunicar menos. “El truco para tener un matrimonio exitoso —dijo— es la comunicación. En tiempos de crisis ésta se vuelve aún más crucial. Sucede lo mismo con las marcas. En tiempos de crisis la mayor contraindicación es dejar de hablar. Cuando las cosas van mal, aumentar la comunicación y apertura al diálogo se vuelve importante”. El directivo habló, además, de la necesidad de adoptar prácticas de consumo más responsables. |