Detesto parecer un duende amargado y pesimista, pajarracos; no me gusta comentar estas cosas en este su espacio, pero ayer que veía las noticias no pude evitar sentir un golpe de realidad al enterarme de que tan sólo en un día, algo así como un “lunes negro”, distintas empresas trasnacionales de varios países anunciaron recortes y despidos de 70 mil personas que perdieron sus trabajos y se vieron en el duro y lamentable desempleo.Todavía hay gente que no piensa que esto de la crisis mundial, de la recesión, de la caída de la economía de prácticamente todos los países del planeta, sea algo real. “No es para tanto”, “siempre quieren asustarnos”, “¿cuál crisis?, yo sigo mi vida normal”, he escuchado decir a algunas personas que creen que porque ellos han podido hasta ahora mantener intacto su nivel de vida, todo mundo está en la misma situación. La realidad, pajaritos, es que la crisis mundial está aquí y nos golpeó desde el año pasado: el incremento de precios de productos básicos y alimentos, el alza de combustibles, la poca creación de empleos, fueron los primeros síntomas de una etapa que apenas comienza. Ayer, en el Senado de la República advirtieron —y miren que esos viven en jauja—, que viene un segundo trimestre del año “particularmente grave en materia de economía”, mientras que los empresarios del Consejo Coordinador Empresarial han dicho que los primeros seis meses del año serán la parte más dura de la recesión. Pero mientras la mayoría de la población ya sufre los efectos de esta situación mundial, y tan sólo en lo que va del mes de enero 120 mil personas se han inscrito en los portales de internet del gobierno que promueven el empleo, hay un sector de la población que no parece inmutarse con las dificultades que ellos mismo vaticinan: los partidos políticos y sus representantes en el Congreso siguen dándose gran vida a costas del erario y de todos los mexicanos. Ayer se informó, por ejemplo, que los mexicanos gastaremos 3 mil 700 millones de pesos para financiar a los ocho partidos políticos que hay en el país. Esa exorbitante cantidad —casi 370 millones de dólares—, nos costará, pajarracos, la operación de esos partidos que, en varios casos, no son sino “negocios” particulares de familias, grupitos o personajes que obtienen millones de pesos que gastan en actividades que en nada benefician a la población. ¿No se podría, como medida excepcional en esta crisis, reducir a un gasto mínimo de los partidos y enviar esos cientos de miles de millones de pesos a apoyos a la población más necesitada, a un seguro para los desempleados o a obras en comunidades que generen empleos? Me dirán que soy ingenuo, pero no entiendo, por más que me digan que la democracia cuesta y que ese gasto es necesario para la vida democrática, que un puñado de personas —¿les gustan 100, 500, mil?— que forman las dirigencias de los partidos, se queden con una parte importante del presupuesto, con dinero que nos pertenece a todos y que serviría para muchas cosas más que para financiar grupos políticos que, en casi todos los casos, no representan realmente a la sociedad. Eso sin contar que por estos días los senadores de los distintos partidos tuvieron sus reuniones plenarias para iniciar el nuevo periodo de sesiones, y para ponerse de acuerdo en los temas que tratarán, los señores del PRI se fueron a un hotel de lujo en Cuernavaca, los del PAN, a una ex hacienda exclusiva en Querétaro, y los señores del PRD a un hotel de gran turismo en Guanajuato. ¿No pueden hacer sus reuniones en las instalaciones del Senado que bastante nos cuestan a los mexicanos? Encima hay que pagarles hoteles de lujo, donde, además, contratan servicios como spas, masajes, tours, y cualquier otro que se les ocurra. Todavía tienen la puntada los señores del Senado de organizar una serie de foros que empiezan hoy y que se titulan: “¿Qué hacer para crecer?”, con lo que, dicen, buscarán soluciones para la crisis. Si me invitan los senadores yo me apunto de ponente, y lo primero que les diría a su pregunta es: “Dejar de gastarse el presupuesto y el dinero de los mexicanos en frivolidades y despilfarros como hacen ustedes”. ¿Creen que me inviten? |