El presidente Felipe Calderón, al inaugurar el Encuentro
Internacional de las Familias, pronunció un discurso que además de
histórico es memorable. En él fustigó los resultados amargos y
desintegradores del divorcio, las familias extracurriculares (conocidas
como “las de madres solteras”), la ausencia de hogares bien avenidos
que desemboca en la delincuencia organizada (el caos moral que da
origen al orden inmoral) y así sucesivamente. Al respecto, unas dudas
que formulo con la esperanza de que queden irresolubles.
* * *
Don Felipe describe un “fenómeno real” que, “aunque preocupante, es fundamental afrontarlo desde la perspectiva de los valores”.
Al
respecto, se preocupa: “Tenemos que ver que son ya millones de niños
los que nacen o se forman en el seno de una familia integrada
únicamente por la madre y su hijo. En México más de 5 millones de
familias están encabezadas por la madre, por una mujer. También
presenciamos cada vez más que, de acuerdo con la legislación civil, la
práctica de divorcio propicia que muchas familias vivan un proceso de
desintegración y de reintegración, en ocasiones hacia nuevos núcleos
familiares (subrayados a cuenta de la preocupación)”. Siguen preguntas:
—¿Cuál
es la perspectiva de los valores, por lo visto innecesaria de
puntualizar, que hace del divorcio y de las madres solteras un fenómeno
preocupante? ¿No sería importante que el Presidente de la República
compartiese con su feligresía, que podría ser ciudadanía, su idea de
“la perspectiva de los valores”? Habida cuenta de que las madres, que,
se nos informa son mujeres, presiden hogares donde falta la voluntad
patriarcal, ¿no podría el Estado hacer las veces de padre sustituto en
las sobremesas? ¿Por qué el divorcio “propicia un proceso de
desintegración”, y las parejas que persisten en medio de la violencia
intrafamiliar, que según las autoridades afecta a 52% de los hogares,
viven lo que sería entonces un proceso de integración?
* * *
Continúa
don Felipe: “Esta situación a lo que debe impulsarnos es a fortalecer,
y fortalecer más que nunca, lazos familiares fundados en valores,
sustentados en la confianza, en la lealtad, en el respeto recíproco, en
la sinceridad y, sobre todo, en el amor”. Y añade con énfasis no
desprovisto de catequesis: “Ahora bien, que el hecho de que estos
fenómenos ocurran y ocurran cada vez más no debe llevarnos ni a
ignorarlos y menos a dejar en el desamparo a quienes viven en esta
situación. Las personas tenemos el deber de incorporar y de respaldar a
quienes forman parte de una familia integrada por una madre soltera y
su hija o hijo, o bien por un nuevo matrimonio o, particularmente, de
quienes en los suburbios de las ciudades o en los pueblos que sufren la
migración en nuestro país carecen de la presencia cotidiana de sus
padres o de sus hijos. Tenemos que encontrar la manera de apoyar a
quienes por diversas razones no forman parte de un núcleo familiar
tradicional”.
—Pregunto con el objeto de vislumbrar una
explicación, o varias: ¿los lazos familiares de los divorciados y de
las madres solteras no están fundados en valores? ¿Carecen ya para
siempre las parejas que desoyeron el “unid y permaneced” de confianza,
lealtad, amor y sinceridad? ¿Viven en el desamparo? ¿Qué madres
solteras están solicitando de las personas el que las incorporen y las
respalden? ¿Qué significa el apoyo a los núcleos familiares no
tradicionales?
El que tenga las respuestas que las envíe, previo
razonamiento, al domicilio de todos los divorciados y todas las madres
solteras.
|