En lo que llaman eufemísticamente la “nueva etapa” de la relación con México, Washington ya tiene bien definidas sus prioridades: su seguridad interna, el proteccionismo económico y la migración controlada.Y para lograrlas, en la pactada transición entre la desastrosa administración Bush y la esperada gestión de Obama, el imperio recurre a la consabida estrategia de “la zanahoria y el garrote”: mientras Barack sonríe y le da palmaditas en la espalda al presidente Calderón, el saliente George orquesta toda una campaña para declarar a México “Estado fallido” y preparar el terreno para una mayor injerencia e intervención estadounidense en nuestro país. El doble lenguaje que caracteriza a la política exterior estadounidense es evidente: mientras en público las autoridades de la Casa Blanca —las salientes y las que llegan— elogian la violenta guerra contra el narcotráfico emprendida por el presidente Calderón y le dicen “¡qué valiente decisión!”, a través del poderoso establishment estadounidense, donde se ubica la burocracia que decide la política exterior, le envían al gobierno mexicano mensajes cada vez más duros y directos sobre el fracaso de su estrategia antinarco, y hablan de “focos rojos” en su vecino del sur. Declarar a México un “Estado fallido”, como ha ocurrido ya en varios círculos de poder de Washington, no parece ya asunto de opiniones aisladas; más bien apunta a una estrategia para decirle al gobierno mexicano que debe aceptar esquemas de colaboración mayor a los actuales, deslizando incluso la posible presencia militar o policiaca en territorio mexicano. Es como si se preparara el terreno para buscar escalar una estrategia de cooperación similar al Plan Colombia, con el argumento de que la violencia del narcotráfico en México se ha vuelto ya un “problema doméstico” para Estados Unidos. Lo mismo en los comentarios extraoficiales de Condoleezza Rice, revelados por el historiador Enrique Krauze, que en el reporte del Comando Conjunto de las Fuerzas de Estados Unidos que equiparó la inestabilidad en México con la de Paquistán, o en las declaraciones de Michael Chertoff a la revista Forbes, donde habla de la preocupación de las élites de Washington por lo que aquí sucede, se pueden advertir muy claros los mensajes que el establishment estadounidense envía sobre el futuro de la agenda para México. En los hechos, esas opiniones constituyen el más contundente juicio negativo a la estrategia de Calderón contra el narcotráfico. Y mientras aquí el Presidente tiene dividido y enfrentado a su equipo de seguridad, y hay incluso visiones encontradas entre la PGR y la SSP, sobre si se debe “sólo controlar” el problema —como dice el procurador Medina Mora—, o si se debe “aniquilar sin pactar” a los capos de la droga, como lo plantea el secretario Genaro García Luna, desde Washington el mensaje es contundente: la estrategia fracasó y si solos no pueden, les vamos a tener que ayudar. Si ya perdimos, con los poderosos vecinos del norte, la soberanía financiera, la alimentaria y de la comercial mejor ni hablamos, ¿estamos dispuestos a ceder la soberanía militar, la única que nos queda? NOTAS INDISCRETAS... Sensibilidad y solidaridad son palabras desconocidas para los diputados y senadores. Después de despertar el repudio ciudadano por pagarse ofensivos aguinaldos y bonos de fin de año, ahora nuestros legisladores confirman lo poco que les importan las penurias de muchos mexicanos en esta etapa de recesión. La realización de un foro, anunciado por el Senado, para escuchar propuestas y alternativas para enfrentar la difícil situación económica de este año, se atoró porque las dos cámaras del Congreso federal se están peleando la paternidad del evento. Cuando en San Lázaro supieron que los senadores ya tenían lista la convocatoria para el Foro Económico que saldría el 27 de enero y que, incluso, ya tenían lista de invitados, reclamaron que en Xicoténcatl se quisieran llevar todo el crédito y pidieron que la reunión fuera organizada por ambas cámaras. En la junta de coordinadores de ambas cámaras el lunes pasado, los diputados se quejaron y los senadores aceptaron posponer la convocatoria para buscar “consensos”. A los coordinadores de San Lázaro se les oyó decir que no dejarían que Manlio Fabio Beltrones se llevara “todos los reflectores”, como ocurrió con los foros sobre la reforma energética, y que buscará capitalizar el tema económico para la próxima elección. Total, dirán diputados y senadores, las soluciones para la crisis no urgen porque ellos ni la sienten… Se detienen los dados. Cayó serpiente. |