Dice una frase célebre, pajarracos, que la historia se repite, pero lo malo es que sus lecciones no se aprenden. Ayer que vi al presidente Calderón sonriente en su primera reunión con el presidente electo de EU, Barack Obama, y escuché a éste decir que “trabajará estrechamente junto a México”, que “queremos que México esté seguro”, que revisará el TLC, etcétera, etcétera, me acordé de cuántas veces hemos visto esa escena de aparente interés, de promesas de amistad y colaboración de nuestro vecino del norte, y al final la relación entre los dos países termina siempre marcada por los mismos intereses y la indiferencia de la poderosa nación del norte.Todavía me acuerdo, seguro ustedes también, pajaritos, del escándalo que hizo el ex presidente Vicente Fox cuando George Walker Bush, recién estrenado en la Casa Blanca, vino a México, al rancho del entonces mandantario nacional, a reunirse con él para hablar de la relación bilateral. Asaron “barbacue”, montaron a caballo, hablaron de migración y otros temas y se juraron amistad eterna. “Amigou”, llamó Bush a México y a su Presidente; luego se fue y vino el 11 de septiembre del 2001 y el gobierno estadounidense no se acordó más de aquella presunta amistad. Y así podríamos irnos mas atrás en la historia: con Nixon y Gustavo Díaz Ordaz; con Kenedy y su carisma entre los mexicanos; con Gerald Ford y López Portillo; con Jimmy Carter, Reagan y Clinton con Salinas armando el TLC. La historia siempre se ha repetido: los presidentes mexicanos, unos más, otros menos, siempre han pecado de cierta ingenuidad y se dejan seducir fácilmente cuando el inquilino de la Casa Blanca viene, o ellos van a Washington, y les guiñan un ojo. No se puede negar que fue importante el encuentro de ayer entre Obama y el presidente Calderón. Tampoco puede restársele importancia al diálogo ni a lo poco que pudieron decirse o plantear en este primer encuentro, antes de la toma de posesion de Obama. Pero antes de creerse todo lo que le dijeron en la capital estadounidense, el Presidente mexicano debe irse con mucho tacto, no sobredimensionar ni generar demasiadas expectativas de este primer encuentro ni de los ofrecimientos del inminente presidente formal de EU. Porque suena muy bien eso de que Obama esté preocupado por la situación de inseguridad y la violencia por el narcotráfico que vive México. El mandatario electo ofreció “ayudar” a nuestro país en esta guerra abierta y cruenta que se libra contra los cárteles de la droga. Claro que esa ayuda, pajaritos, no se crean que la ofrecen desinteresadamente. Cada vez son más los círculos de poder político y económico en los EU que ven con preocupación, casi con alarma, la situación de inestabilidad en que ha entrado nuestro pais por la violencia del narco. Existen incluso, pajaritos, reportes oficiales de los órganos de inteligencia del gobierno de Washington que hablan de una situación “alarmante” y recomiendan a las autoridades de EU preparar planes y estrategias militares para contener un avance de los violentos grupos de la droga en México que, desde la visión que tienen del otro lado del río Bravo, han desbordado ya la capacidad de respuesta y control del gobierno mexicano. Así que el ofrecimiento de ayuda de Obama no es tampoco “graciosa concesión”, aunque las preguntas que surgen son: ¿cómo sería esa ayuda?, ¿se profundizaría la llamada Iniciativa Mérida, a través de la cual EU proporciona a México apoyos en tecnología, armamentos y programas de seguridad para combatir al narcotráfico?, ¿o está pensando Barack en escalar ese tipo de ayuda y plantear lo que ya piden algunos grupos de poder estadounidense que plantean avanzar hacia un plan más profundo de combate al narco en México con el envío de tropas estadounidenses a territorio mexicano, como ya lo hicieron en Colombia? Será cuestion de ver, una vez que Barack Obama se siente en la oficina oval, cuáles son sus planes reales sobre México. Por lo pronto mesura, mucha cautela y una pequeña ojedada a la historia, la remota y la reciente, no vendrían mal en Los Pinos para que no haya después decepciones. |