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México D.F., a 16 de enero de 2009 | 11:55 PM

Ricardo Alemán
Itinerario Político
11 de enero de 2009
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Todos con el PRI

A un semestre de los comicios federales y estatales de 2009, lo nuevo no es la percepción social de que asistimos al regreso del PRI

Todos con el PRI

PRD Y PAN alientan su regreso

Si no se hubiera ido, “todo feliz”

A un semestre de los comicios federales y estatales de 2009, lo nuevo no es la percepción social de que asistimos al regreso del PRI.

No, la verdadera novedad es que todos, partidos, gobiernos, iglesias y empresarios parecen empeñados en pavimentar ese regreso. Resulta que luego de ocho años de gobiernos azules y de 11 años de administraciones amarillas en el DF y en otras entidades, son muchos los melancólicos que anhelan el regreso del PRI.

Y dígalo si no un estribillo populachero que empieza a generalizarse —elaborado a partir del éxito ya clásico de Marco Antonio Solís “Si no te hubieras ido”—, y que alude a la ausencia mayoritaria del PRI en poderes federales como el Legislativo y el Ejecutivo.

Cantado con el tono de “Si no te hubieras ido”, dice el estribillo: “No hay nada más difícil que vivir sin PRI… sufriendo en la espera de verte llegar… Si no te hubieras ido sería tan feliz...”.

PAVIMENTAN EL REGRESO

Y es que en el fondo, el seguro regreso del PRI a las mayorías del Congreso en 2009, y el harto probable regreso al poder presidencial en 2012, va mucho más allá de una mera ocurrencia o de una alineación astral; trasciende el enojo social por los deficientes resultados de gobiernos azules o amarillos, y se instala en el terreno de la estupidez política. ¿Por qué?

Porque pareciera que todos —en conjunto y en lo individual—, desde el gobierno de Calderón, su partido y los poderes estatales azules, pasando por el gobierno del DF, su partido, sus liderazgos mesiánicos, jefes partidistas y gestiones estatales —sin faltar empresarios y jerarcas católicos y de otros cultos—, hacen todo lo posible por favorecer el regreso del PRI.

A los ojos de todos —azules y amarillos—, lo mismo pelean, se despellejan, dividen y subdividen, enseñan sus formidables incapacidades, engordan la imagen de los tricolores a la menor provocación y, en el colmo, los hacen ver ante los electores como los reyes del “necesariato”. Es decir, el PRI no sólo es necesario, sino indispensables. ¿Qué tal?

Bueno, ya en el extremo del “sospechosismo”, no faltan los que aventuran que en realidad asistimos a una suerte de complot perverso de quién sabe qué fuerza extraña para favorecer el regreso del PRI; camino de vuelta que, por cierto, no ven mal muchos mexicanos, a quienes se debería entregar la medalla a “la desmemoria”. Pero, ¿es culpa del indio, o de quien lo hizo compadre? ¿Es culpa del que mata a la vaca, o del que le jala la pata? Que el saco se lo ponga cada quien.

AZUL Y… A SU LADO

Para nadie es una novedad la crisis que vive el PAN. Pero contra lo que muchos malquerientes azules suponen, la culpa no es sólo de los dueños actuales de la franquicia —el presidente Calderón y el gerente azul Germán Martínez—, sino que el problema viene de lejos. En realidad lo que estamos viendo en Acción Nacional no es más que la crisis resultante de una “década perdida”, que inició desde 2000, cuando Vicente Fox y su claque secuestraron al PAN para sacar al PRI de Los Pinos.

Pertrechado de su poderosa popularidad, el neopanista Fox asaltó al PAN y llevó a los puestos directivos —en el CEN, en su gobierno y en los comités estatales y gobiernos locales— a sus iguales; políticos emergentes que poco o nada tenían de azules, y que limitaron los liderazgos naturales en todo el país.

La mejor muestra de que la de Vicente Fox fue una gestión fallida, no sólo como gobierno, sino como líder del partido, es precisamente que el hoy presidente, Felipe Calderón, fue precandidato y candidato gracias a una rebelión intramuros de los azules. Es decir, fue aspirante y es presidente, a pesar de Fox y, en buena medida, a pesar de su partido, que jefaturaba el “Noroña azul” Manuel Espino.

Pero ahí no termina la historia. Resulta que el presidente Calderón parece olvidar la historia o, por lo menos, no entender que su partido debe caminar sobre la misma carretera que cuando era oposición —para construir liderazgos en todos los estados, distritos, municipios y, sobre todo, líderes nacionales—, para hacer frente a sus adversarios políticos con un relativo margen de éxito.

El gabinete presidencial —salvo uno o dos casos— está vacío de líderes; el Congreso no se diga; los gobiernos estatales están en manos de “la camada de pitufos”, enanitos azules, en tanto que en el DF el PAN es un cadáver. Al inicio del tercer año del segundo gobierno azul no existe un solo líder político capaz de hacer voltear a los militantes, a quienes en julio de 2006 votaron por Calderón y por el PAN.

Y el gobierno de Calderón pende del hilo delgadísimo de su alianza con el PRI. Todo lo que haga el gobierno de Calderón hace lucir al PRI, partido que ahora se presenta como adalid de la democracia, la sensatez, la preocupación por las causas de las mayorías. Y mientras eso ocurre, Germán Martínez lanza misiles contra el más popular de los pretensos priístas rumbo a 2012, Enrique Peña Nieto, a quien hace crecer aún más al colocarlo como víctima de los obuses azules.

Si la elección de julio próximo fuera hoy, el gran derrotado sería el PAN. Pero si la de julio de 2012 fuera hoy, el ganador sería Enrique Peña Nieto. ¿Para quién trabaja el PAN?

AMARILLO… ESTRELLADO

Pero en la tienda de enfrente también venden piñas. ¿A qué le apuesta López Obrador? Para el buen entendedor está claro: AMLO hace todo por destruir lo que queda del PRD, fragmentar todas sus posibilidades de triunfo, y con ese cemento construye el regreso del PRI a la mayoría en San Lázaro en julio próximo, y a Los Pinos en 2012. ¿No lo creen?

¿Qué es, si no una traición al PRD?, la decisión de fragmentar al FAP para llevarse a su causa las colonias priístas del PT y Convergencia, con lo que debilita al PRD, para luego reventarlo al impedir la alianza del partido amarillo con el Partido Socialdemócrata. Está claro que en la mente de AMLO operó lo más perverso de la política: “Si el PRD no es mío, no lo será de nadie; si no soy candidato presidencial por el PRD, nadie lo será”.

¿Quién gana con la guerra civil que viven los amarillos y que parece no tener fin? En efecto, gana el PRI. ¿Quién trabaja para debilitar eso que llaman la izquierda y para reventar al PRD? Sí, el señor López Obrador, al que incluso el sub Marcos —jefe de los zapatistas — dibujó como el más “intolerante”, “sectario” y “esquizofrénico”.

AMLO partió al PRD y al FAP; fracturó al PT, e hizo fracasar la alianza del PRD con el Partido Socialdemócrata, además de que dividió a muchos que simpatizaban con el EZLN y su causa. ¿Será por eso que motejan al tabasqueño como “el jugo gástrico”? ¿O qué significa toda esa atomización de lo que muchos gustan llamar “la izquierda”?

Lo que llevó décadas unificar, AMLO lo fragmentó en una década, desde que llegó a la dirigencia del PRD en 1996. Igual que Fox con el PAN, AMLO secuestró al PRD para su causa, y hoy que ya no le sirve lo destruirá porque no tolera competencia.

Pero existe una luz al final del túnel. Sí, la alianza de Los Chuchos con Marcelo Ebrard, quien pudiera convertirse en presidenciable para 2012. La lucha sería entre Peña Nieto y Marcelo. ¿Y qué creen? Con el triunfo de cualquiera, el PRI regresaría a Los Pinos. ¿O no?

La derecha y la izquierda no tienen candidatos y menos posibilidades en 2009. Tampoco la tendrán en 2012. Por donde se quiera ver, el PRI está de vuelta. ¿Qué no nacieron PAN y PRD para echarlo del poder? Sí, fracaso histórico.

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  Acerca del autor

Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.

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