Hace ocho, 10 días, analistas, observadores, políticos y diplomáticos estimaron que una reunión entre Barack Obama y el presidente Felipe Calderón sería imposible antes del 20 de enero, fecha en la que el primer mandatario afroestadounidense en la historia de EU asume la Casa Blanca. Esos mismos comentaron que no sólo este encuentro era complicado, sino cualquier reunión bilateral entre Obama y otro presidente latinoamericano. Y nada, que la cumbre es un hecho. Y será el lunes que viene. Obvio: en las últimas horas han circulado dos nombres a los que se les atribuye haber alcanzado este acercamiento estratégico entre Calderón y Obama. Que nadie se equivoque: el encuentro es un logro de los oficios del embajador de México en Washington, Arturo Sarukhán.Tampoco es que Andrés Manuel López Obrador deje el PRD, y así como así, encuentre en otro lado su cobijita de lana. El Partido del Trabajo, uno de sus dos huéspedes más firmes (junto con Convergencia), trae sus problemas. Se dice que antes de que termine el mes se dará una fractura en el seno del partido. José Narro Céspedes, uno de los fundadores, es de la idea de que el PT está sumergido en una crisis estructural, “al grado de tener que pedir prestado tres senadores y poner un coordinador en el Senado que no es del PT a fin de que Alberto Anaya —dice— mantenga los privilegios económicos que les da tener una bancada”. Se declara listo para abandonar al PT y sumarse… al PRD. Adelanta que el 15 de enero más de 5 mil petistas definirán rumbo. Está por verse. Fue de noche, en la sede nacional del PRD. Su presidente, Jesús Ortega, presentó a los líderes de las corrientes y a los secretarios del CEN un análisis interno sobre la situación del partido, y de plano descartó cualquier posibilidad de triunfo en los estados donde habrá elecciones concurrentes. Además, redujo las expectativas: sólo aspiran a ganar, sin el apoyo de Andrés Manuel López Obrador, PT y Convergencia, un máximo de 90 distritos, y darían la batalla en no más de 140. Nos dicen que las cosas se pusieron agrias. Que se habló “calculadora en mano”. El resultado: fue esa noche cuando se acordó abrir candidaturas a AMLO. Se iniciaron los acercamientos… Y luego, alguien se fue de boca: comentó sobre las negociaciones. La gente de López Obrador se molestó por la indiscreción y simplemente se suspendieron las pláticas. “Aquí nadie ofreció listas”, quisieron deslindarse. Ajá. Sucedió, señores. Negociaban y se les cayó. |