Después de cenar prendí mi computadora para checar mis mails, y ya entrada en gastos pensé: “qué mejor sería ponerme a escribir la columna del próximo miércoles”, aunque debo aclarar que aún no me saltaba el tema a la cabeza. Fue justo cuando me levanté de la silla que me acordé que tenía un chocolate, y al abrir la puerta del refrigerador, se me ocurrió el tema. ¡Por supuesto! Acto seguido: me comí el chocolate.He hablado de la adicción a las drogas, al trabajo, entre otras, del perdón, del poder de la risa, de los amores, principalmente, etcétera, no sé, he hablado de muchas cosas que me pasan —y que evidentemente también le suceden a todo el mundo—, pero hay algo que había dejado pasar por alto y por primera vez me atacó. ¿Por qué hay veces que nomás no puedes dejar de comer? A mí me dan épocas en las que no como nada, bueno sí me alimento, pero no compro papitas, ni pan, mucho menos chocolates, nada (literal). Es más, tengo una debilidad por comprar dulces, chicles, pastillas y esas cosas, tengo de todos, pero cuando no se me antojan los puedo ver y no pasa nada, ahí los tengo para las visitas. Pero cuando me entra la época de comer, es inevitable pasar por el pasillo de las cosas engordadoras del súper y comprar. Si los comiera todo el tiempo, probablemente, no tendría al enemigo en casa, es decir: la tentación. Pero ésta vive en mi cabeza, así que no hay mucho que hacer más que apelar a voluntad. Podría decir que también al autocontrol, pero he percibido que mientras más intento controlarme (paradójicamente) más pierdo el control. Sin embargo, es difícil, porque después del atracón viene un poco la culpa, las cuentas de cuánto ejercicio tendría que hacer para bajar las calorías ingeridas con furia, o qué tendré que dejar de comer después para equilibrar, en fin, se genera un círculo vicioso. El principal motor de los atracones de comida, es la culpa, el auto castigo, los sentimientos encontrados hacia algo, la violencia contra nosotros mismos, el estar haciendo algo que muy en el fondo sabemos que no deberíamos estar haciendo y un sinfín de motivos más. Claro, a excepción de tener un problema físico como algún padecimiento de la tiroides, o un trastorno de la conducta alimentaria, entre otros, pues en esos casos las implicaciones son muy distintas. Yo me refiero a los impulsos cortos, así como se oye, corto, tan corto que ni cuenta te das cuando ya te estás dando el atracón. No importa si crees que unos arándanos y unas galletas es mucho o poco, los atracones pueden ser de lechuga o de pizza, el tema es la compulsión por comer y comer, por traer algo en la boca o en el peor de los casos, para satisfacer (sin saciar) algo que queremos y que no sabemos qué demonios es. En fin, yo he encontrado algunos métodos para poder parar de comer compulsivamente. Primero, trato de identificar qué es lo que me está moviendo, cuál es el origen de tan horrible ansiedad. Si de plano la mente no ayuda, porque hay veces que da vueltas y vueltas sin parar, recurro a tomar agua, me como un chicle (varios), me salgo a caminar un rato, hablo por teléfono, me lavo los dientes, y si ya es hora de dormir, de plano sí opto por apagar el swicht. |