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México D.F., a 7 de enero de 2009 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
07 de enero de 2009
Gaza, en la memoria de un mundo en crisis


El 14 de mayo de 1948, Ben Gurion proclamó el Estado de Israel a la hora misma en que, según la ONU, terminaba el mandato británico sobre Palestina.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó dos decisiones: a) la división de Palestina en dos estados: el judío y el palestino, y b) la creación de un estatuto especial para la región de Jerusalén en razón de ser la ciudad santa de las tres religiones monoteístas: la hebrea, la cristiana y la islámica. No se olvide que Jerusalén, para los árabes, es también Al-Quds, es decir, la santa, al igual que La Meca y Medina. La ONU (un mundo muy pequeño entonces) votó la partición, con el respaldo de 33 países; otros 10 se abstuvieron (entre ellos México) y 13 votaron en contra. Las dos potencias de la época, la URSS y EU, aprobaron la partición.

Entre los 13 votos en contra estuvieron Afganistán, Arabia Saudita, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Líbano, Paquistán, Siria, Turquía y Yemen. En suma: no a la partición de Palestina en dos estados. El mismo 14 de mayo de 1948, proclamado el Estado de Israel, se produjo la intervención armada de cinco países árabes. La primera guerra dio comienzo. El mismo día 14, EU reconoció, de facto, el Estado de Israel; el 17 la URSS reconoció, de jure, a Israel.

El 31 de enero de 1948 Inglaterra había repatriado ya a todos sus civiles en Palestina (que gobernaba de facto desde el fin de la Primera Guerra Mundial y de jure desde 1922, cuando la Sociedad de Naciones reconoció el mandato de Inglaterra sobre Palestina y, desde febrero, Inglaterra era incapaz de hacer frente a los movimientos judíos y palestinos. Churchill, representando a la oposición conservadora, interpeló al gobierno laborista con un discurso que parecería de hoy: “¿Cuánto tiempo se prolongará este baño de sangre que cuesta 30 o 40 millones de libras por año y retiene lejos de Inglaterra a 100 mil soldados británicos?”. Hacían frente a los ataques de la Organización Militar Nacionalista de Israel, la Irgun. En suma, palestinos y judíos luchaban entre sí y, en casos, contra los ingleses, “ocupantes”.

Todo ello coincidía con las impresionantes noticias sobre el Holocausto (hoy Shoa) y sobre la situación dramática de sus sobrevivientes. Un barco tendría dimensión universal: el Exodus 1947 (en su origen se denominó Presidente Warfield) que embarcó, fletado por la organización judía Hagana, a 4 mil 500 inmigrantes judíos rumbo a Palestina. Su epopeya fue tema conmocionante.

Lo cierto es que hasta el día de hoy no se ha logrado el establecimiento de los dos Estados. La inmensa tragedia del caso es que no se resolverá el litigio por las armas. El Estado de Israel, dada la desproporción de las fuerzas en el caso de Gaza, puede destruir lo poco que queda en pie, pero como sus más lúcidas cabezas no dudan en señalarlo, el arrasamiento de Gaza (que colocará al mundo ante un difícil conflicto emocional y jurídico) no resolverá el problema. Israel, con tensiones políticas serias, no puede desconocer la evidencia: que la violencia de Hamas, también frente a la Autoridad Palestina, es el reflejo de la rebelión social de las infraestructuras frente a las superestructuras y ese conflicto básico, como he intentado establecer en un ensayo analítico, no se resolverá con los tanques. El Estado de Israel no debe olvidar el grave fracaso de su versión militar en Líbano, fracaso que dividió a Israel y anunció una nueva conciencia: que las armas no son siempre resolutivas. Se trata de una delicada tarea (para Barack Obama —presidente electo de EU—) porque puede involucrar a Irán. La terrible miseria de Gaza puede generar una victoria militar y una derrota moral que alimentará el resentimiento de las masas populares. En hebreo se dice “que lo esencial de todas las cosas es la paz”: gadol hashalom ki hou ha’ikar. Hay que vivirlo. Para el mundo es una tragedia más.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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