Siento decepcionarlos, pajarracos, pero si ustedes son de los que aún creen en los Reyes Magos, ni se les ocurra pedirles a esos tres bonachones monarcas —venidos del Oriente, no de Iztapalapa, sino del Oriente del mundo— que nos traigan un año políticamente tranquilo; ni por error vayan a pedir en sus cartitas que mejoren nuestros políticos y gobernantes, que ya no sean tan cínicos e ineficientes, y que este año hagan algo para sacarnos de las dificultades económicas que se nos vienen encima.Temo decirles que los señores Reyes no hacen milagros. Pidan sí, un regalito, el juguete que nunca tuvieron de niños, el celular de moda o hasta unas pijamas nuevas. Eso es posible que se los traigan y que cumplan sus deseos, pero tratándose de nuestros políticos mexicanos, no hay nada que hacer, ¡no tienen remedio! Es un hecho que en este 2009, mientras la gente está preocupada por llevar el alimento a sus mesas, por pagar sus asfixiantes y usureras deudas con los vampiros de los bancos o por no ser asaltado o secuestrado en la calle, los políticos de todos los colores y todos los signos estarán totalmente metidos en su disputa por los jugosos huesos que representan las curules en la Cámara de Diputados, las alcaldías, las jefaturas delegacionales o cualquier puesto en el que puedan vivir a costa del erario y enriquecerse sin hacer nada a favor de la gente. Si no me creen, véanlos: apenas comienza el año, estamos empezando a subir la empinada y hostil cuesta de enero y la mayoría de los politiquillos andan más preocupados por pelear un lugar en las listas de candidatos de sus respectivos partidos, que en pensar, y más que pensar, en actuar para ayudar a la inmensa mayoría de mexicanos que se verán afectados por la recesión económica que ya comenzó el año pasado, con su cauda de desempleo, aumentos de precios y caída de la producción, pero que se agudizará los siguientes meses. Así que no quiero ser aguafiestas ni que me acusen de parecerme a mi primo, el duende Grinch; sólo les advierto que los santos varones, que son los Reyes Magos —a los que por cierto conocí cuando andaban perdidos en el desierto buscando el pesebre hace más de 2 mil años—, no harán milagros y si acaso harán lo que puedan para complacerlos en sus peticiones, siempre y cuando ustedes no pidan que mejoren la política y los políticos en este país. Dicho lo anterior, me voy a la Alameda, me dijeron que por ahí andaban Melchor, Gaspar y Baltazar, voy a alcanzarlos a ver si me invitan algo para recordar aquella noche en el desierto de Judea en la que nos pusimos una guarapeta buenísima con licor de dátil, aguardiente de palmera y los olores de la mirra que traía el Gaspar. N`hombre, pa´ qué les cuento, nos pusimos bien persas, con decirles que los tuve que despertar cuando se quedaron dormidos para que llegaran a tiempo al pesebre en Belén. Mejor aprovecho para desearles a todos un feliz año y que hoy que lleguen los Reyes se cumplan sus deseos; nomás no pidan milagros. EL BAÚL DEL DUENDE… Cuando apenas Oaxaca empezaba a retomar el paso y su bellísima capital se levantaba airosa de aquel desastroso conflicto de la APPO, me cuenta un amigo duende que anduvo por allá en las Navidades que la grilla política empieza a subir mucho de tono en tierras oaxaqueñas. Y es que la selección de candidatos a diputados federales casi se juntará con la disputa por la candidatura priísta a la gubernatura que se renueva en 2010. Ulises Ruiz, el góber penoso, anda de lo más movido porque sabe que sus enemigos políticos, entre los que se cuentan varios ex gobernadores oaxaqueños que siguen activos en política, van a tratar de meter mano tanto en las listas de diputados como en la sucesión del gobierno local. A ver si no vuelve la turbulencia a la bella Oaxaca. Por lo pronto, me cuenta mi amigo que por estos días vio muy movido por allá al ex gobernador José Murat. Y vaya que él y otros políticos locales le tienen guardadas muchas al cinicazo de Ulises…Me voy, pajarracos, la Mafufa tiene lista la rosca de harina de alas de murciélago y rellena de escarabajos panteoneros que vamos a partir en el castillo. Están invitados... ¡Regresaré! Ja, ja, ja… |