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México D.F., a 6 de enero de 2009 | 1:29 PM

Juan María Alponte
México y el mundo
06 de enero de 2009
La agonía de un gigante: la General Motors


En 1953, Charles Wilson, cabeza de General Motors, hizo una frase famosa e infortunada: “Lo que es bueno para EU es bueno para General Motors y lo que es bueno para General Motors es bueno para EU”.

La frase ingresó en el universo mediático del mundo cuando, en efecto, las dos grandes superpotencias de aquel tiempo, la URSS y EU, iniciaban la más gigantesca aventura del hombre: la conquista del espacio. En efecto, el 4 de octubre de 1957, el primer satélite artificial, Sputnik I, de la Unión Soviética, no mayor que un balón de futbol, comenzaba a emitir el “bip bip” desde la órbita terrestre. ¿Y General Motors?

Eisenhower, el vencedor de la Segunda Guerra Mundial —al frente de la coalición occidental— había sido reelegido presidente de EU el 6 de noviembre de 1956. Se preparaba para su “consulta médica” anual en el hospital Walter Reed Army cuando EU vivió una noticia sensacional: el segundo Sputnik soviético había alcanzado su órbita espacial transportando una perrita que pronto fue parte del imaginario colectivo: Laika.

“Bautizos” mundiales de perritas de todas las razas corrieron por la Tierra. La URSS aparecía como el centro de una inmensa celebración juliovernesca: la conquista del espacio. Stalin había muerto el 5 de marzo de 1953 a las 9:50. Su hija, Svetlana, que dijo que su “agonía fue horrible”, terminó en EU casándose allí. El hijo de Beria, el superpolicía de Stalin, ha contado en sus memorias (En el corazón del poder staliniano) esos inmensos días. Libro impresionante. Desconocido acá.

La carrera por el espacio tuvo al fin la respuesta de EU. El 1 de febrero de 1958 colocó en órbita su primer satélite: el Explorer 1. El 20 de junio de 1961, John F. Kennedy iniciaba su mandato presidencial en nombre de una nueva generación. Asumió la carrera espacial como un desafío. La ventaja, todavía en favor de la URSS. En efecto, el 12 de abril de 1961, teniendo como huésped en la Casa Blanca a Konrad Adenauer, primer gobernante alemán elegido después de la etapa trágica de Hitler, se anunció al mundo que el astronauta soviético Yuri Gagarine (12 de abril) era el primer hombre en los espacios.

¿Cuál fue el diálogo entre Adenauer y Kennedy sobre ese tema que planteaba la batalla histórica por los espacios exteriores del hombre? Nunca lo sabremos, pero es un gran tema.

El 18 de julio de 1969, el presidente Nixon envió al Congreso un mensaje sobre el preocupante, entonces, problema de la explosión demográfica. El día 21 el módulo Eagle de EU descendía a la Luna e iniciaba el fabuloso paseo de Neil Armstrong y Edwin Aldrin por el satélite plateado mientras el tercer astronauta, Michael Collins, permanecía en órbita. Nixon hablaba telefónicamente con Armstrong. Una revolución tocaba la vida humana y, sobremanera, su imaginación. Julio Verne regresó a la lectura universal como un profeta.

Todavía el automóvil norteamericano era el símbolo, en la Tierra nuestra de cada día, del american way of life. Hoy, con la memoria en esa vieja odisea y sin la URSS, las tres mayores empresas automovilísticas de EU, esto es, General Motors, Ford y Chrysler, se encuentran ante el Congreso y Barack Obama reclamando su salvación por vía del Estado. La legendaria frase de Charles Wilson es sólo ceniza.

Las grandes compañías externas controlan hoy —42.2%— el mercado estadounidense del automóvil, que pareció aspirar sólo a los beneficios, y no a la reforma —como los nuestros, dependientes de las grandes empresas—, solicitan angustiadas ahora el salvamento de Detroit. Es patente que la mutación responsable no llegará sólo por el rescate. Se requiere algo más: otra sociedad y otras aspiraciones humanas. A Obama le espera algo más que el cambio: lo espera una revolución sin Charles Wilson.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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