Es esa la pregunta del millón, porque tal y como van las cosas, todos son villanos, salvo por la población civil en Gaza e Israel, que no es ni buena ni mala, solamente inocente en el más estricto sentido de la palabra.Tanto el gobierno israelí como la dirigencia de Hamas han buscado presentar el sufrir de los suyos como la razón principal de su actuar, lo mismo en el caso de los incontables cohetes rudimentarios que los militantes palestinos lanzan cotidiana e indiscriminadamente contra blancos civiles como en el de la operación militar a todas luces desproporcionada que busca avasallar a sus enemigos sin importar el costo en vidas e infraestructura. Israel tiene a su favor en este conflicto la tecnología, el armamento y el peso específico en la región. Más allá de todas las expresiones retóricas de los países árabes —y particularmente de sus vecinos— condenando la operación israelí, ninguno está dispuesto a hacer algo al respecto, unos porque saben que militarmente no tienen posibilidad alguna, otros porque temen las consecuencias de confrontar abiertamente al más poderoso de la región. El ya largo enfrentamiento entre Hamas e Israel tiene como telón de fondo el derecho a existir de dos proyectos que no deberían ser excluyentes, pero lo son por ahora. La visión claramente radical y fundamentalista de Hamas se basa en el concepto de la obligación moral y religiosa de recuperar los territorios palestinos perdidos al fundarse Israel primero y al extenderse después en las sucesivas guerras contra Egipto, Jordania y Siria. Por antonomasia, Hamas niega el derecho a ser de Israel, lo que lo convierte en enemigo jurado del Estado judío, comprometido a su destrucción. Su negativa a reconocer su derecho a vivir en paz implica una postura moralmente inaceptable, mientras que muchos de sus métodos le han valido, con justicia, el calificativo de terrorista. Sin embargo, sucesivos gobiernos israelíes se han negado igualmente, en la práctica, a reconocer el derecho a los palestinos de tener su propia nación, una patria en la que puedan vivir con dignidad y olvidarse de agravios reales e imaginados para dedicarse a construir lo que tanto han añorado y por lo que tanto han luchado. Los deplorables niveles de vida de alrededor de 3.8 millones de palestinos en Cisjordania y Gaza (de los cuales casi la mitad vive hacinada en esta última) son atribuibles no sólo a la ineptitud y corrupción de sus autoridades, sino también y principalmente a las enormes limitantes que Israel le impone al libre tránsito en dichos territorios. Incluso la tan alardeada retirada de los asentamientos israelíes en Gaza se dio en condiciones que a la larga han demostrado ser contraproducentes. El bloqueo económico y humanitario a que ha estado sujeta la Franja desde la llegada de Hamas al poder solamente ha reforzado la convicción de muchos palestinos de que no hay sentido en la vía política ni en la negociación, cuando sólo conducen a una continuación e incluso a un deterioro del status quo. La decisión israelí de estrangular económicamente a Hamas mientras se auspiciaba a sus moderados rivales palestinos de Fatah en Cisjordania no dio frutos: para muchos palestinos la presencia de los asentamientos judíos en la zona sólo confirma lo que ya había anunciado la construcción del muro: la virtual anexión por parte de Israel de territorios que los palestinos veían como la futura base de su propio Estado. La campaña militar que ahora ha lanzado Israel puede correr la misma suerte de la ofensiva que lanzó hace dos años y medio contra Hezbolá en Líbano: de no logar debilitar significativamente a Hamas con todo su poderío militar y la fuerza desplegada en Gaza, la percepción será la de un desigual combate en que el David supo imponerse una vez más al Goliat, revertidos ahora los papeles bíblicos y con los israelíes en el papel de los malos del cuento. |