En el libro The Emergence of Spanish America, Vicente Ricafuerte and Spanish Americanism (Universidad de California) un párrafo ratifica mi hipótesis y explica la convergencia de las revoluciones: “La insurrección de Mina es un buen ejemplo de la interrelación entre los liberales españoles y los rebeldes americanos. Mina es un héroe de la Guerra de Independencia en España y se demuestra que Mina, como otros jefes guerrilleros ante la invasión francesa, no logró integrarse en su país al terminar las hostilidades”. El regreso de Fernando VII, en 1814, significó la abolición de las libertades de la Constitución de 1812 y, por ello, el guerrillero Mina, del brazo de Fray Servando Teresa de Mier, continuaría la guerra contra el absolutismo combatiéndolo en México y siendo fusilado, por ello, en México. La figura de Manuel Eduardo de Gorostiza, otro mexicano olvidado entre las miserias de la historia oficial, me parece eminente para establecer la función, desmitificadora, de los procesos revolucionarios. En efecto, Manuel Eduardo Gorostiza, en 1819, aparece, públicamente, en vísperas de la sublevación del coronel Riego, en Andalucía, para impedir, éste, de un lado, el embarque de las tropas españolas dirigidas a luchar contra los independentistas americanos y, del otro, para imponer, de nuevo, la Constitución de 1812 que había derogado, en 1814, Fernando VII. Son los días, en Madrid, de Manuel Eduardo Gorostiza. Días que iban a encresparse, con el “trieno” liberal español de 1820 a 1823, trieno aplastado por un ejército de la Santa Alianza que devolvió a Fernando VII los poderes del absolutismo. Ese periodo liberal favoreció —decía Bolívar— la culminación de los movimientos independentistas de América. Implicó, también, otra insurgencia. Desde un balcón del Ayuntamiento de Madrid el poeta y dramaturgo Manuel Eduardo Gorostiza se dirigió a una multitud: “¿Qué gobierno queréis?”. “Dio una serie de nombres”. Así se aprobó un nuevo gobierno para Madrid. Día de gloria para Gorostiza. ¿Quién era? Nació en Veracruz el 13 de octubre de 1789. Su padre fue gobernador del estado e Inspector general de las tropas de Nueva España. A su muerte en México, su viuda, María del Rosario Cepeda regresó a España con su hijo Manuel Eduardo Gorostiza. Tenía cuatro años. Entre ir a un Seminario o servir en el Ejército prefirió lo segundo y en 1808, a la hora de la invasión de España por Napoleón imponiendo, como monarca, a su hermano José, Gorostiza era capitán de Granaderos. Luchó contra los invasores. Fue herido gravemente. En 1814, al final de la contienda con la derrota de Napoleón, Gorostiza, ya coronel, se dedicó a la literatura y la política. Escribió obras de teatro de éxito y fue orador afamado, entre los liberales madrileños, en la tribuna de la “Fontana de Oro”. Estuvo con los revolucionarios del trieno liberal —1820-1823— y, después, reinstalado Fernando VII en el absolutismo por las tropas de la Santa Alianza superconservadora, tuvo que exiliarse. En París y Londres se encontró con los insurgentes americanos y, finalmente, regresó a México. Se incorporó a la diplomacia mexicana en 1824. En 1847, a los 64 años, el viejo coronel, se mantuvo a pie, espada en la mano, en la batalla de Churubusco frente tropas de EU. Recordó sus días, como Capitán de Dragones, en la guerra de independencia en España. Quedan, en el Archivo Histórico Mexicano, sus notas sobre los Tratados de Límites. Dramaturgo, literato, diplomático aguerrido, combatiente liberal en España, México y América su vida, apasionante, se terminó, en Tacubaya, en 1851. ¿Por qué no sabemos nada de él? |