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México D.F., a 1 de enero de 2009 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
01 de enero de 2009
Año nuevo: fin de la era Bush


Para el mundo, el año que termina y el año que comienza es indisociable del fin de la era Bush. Una era —dos periodos presidenciales— que ha estado presidida por el abuso del poder y, a la vez, por la incapacidad del poder para hacer frente a los problemas que ese poder exaltaba.

Esa enorme contradicción gravita sobre dos supuestos: el fracaso del gigantesco sistema de inteligencia militar y civil para prever el trágico atentado contra las torres gemelas y la elección de Irak, falsamente, como objetivo. Gigantesco fracaso porque en la mañana terrible del 11-S cuando los funcionarios de la CIA acudieron al Hotel Saint-Regis de Washington, donde desayunaba el director de la CIA para informarle, George Tenet no dudó en decir: “Ha sido Bin Laden”. La Organización (Al-Qaeda al-Askariya, la “base militar”) se formalizó el 20 de agosto de 1988. Fue una de las consecuencias de la invasión soviética de Afganistán y la llegada de voluntarios islámicos contra la URSS (“Estado ateo”) bajo la dirección y apoyo de la CIA que, después de la retirada de la URSS, los abandonó a su suerte. No comprendió que dejaba, en manos de un saudita millonario, Bin Laden, un aparato militar. En 1988 la organización islámica Al-Qaeda definió sus principios: “Seguir la palabra de Dios y conducir su religión a la victoria”. El núcleo militar se dividió en dos categorías: la “formación” (“duración limitada”) y la organización militar (“duración abierta”) para acciones de guerra donde los “mejores” serán los elegidos.

Las acciones terroristas de Al-Qaeda determinaron al presidente Clinton a efectuar una serie de bombardeos contra sus posibles bases y ordenó que cinco servicios de inteligencia tuvieran como prioridad la destrucción de Al-Qaeda. En el entretanto, el 15 de agosto de 1989 (preludio del derrumbe) las tropas soviéticas del general Boris V. Gromov abandonaron Afganistán. Sus palabras: “No queda detrás de mí un solo soldado u oficial soviético”. De esa forma terminaban nueve años de apoyo de la URSS a un hipotético gobierno comunista en Afganistán. Había costado 15 mil muertos y 30 mil heridos.

Un día antes del ataque del 11-S un comando suicida asesinaba en Afganistán a Mossul, legendario combatiente, afecto a Occidente. Hubiera sido un aliado básico para EU. En suma, Al-Qaeda anticipó que la represalia estadounidense comenzaría contra los talibanes aliados de Bin Laden.

Bush, representando el ala conservadora republicana y belicista, que incorporaba la poderosa Derecha Cristiana tejana (the Christian Right) transformó el problema, con Cheney, Rumsfeld y Wolfowitz, en un proyecto universal contra los “ejes del mal” en cuyo centro estaba Irak… como epicentro petrolero. En suma, la tragedia se fincó en convertir a Saddam Hussein, un tirano sin contactos con el terrorismo internacional ni con las armas de destrucción masiva, en una operación militar de control del Medio Oriente. La estructura de la mentira gravitó contra EU y desautorizó, éticamente, la represalia que la ONU aceptó, como “legítima defensa”, en el caso de Afganistán. La brutalidad de las mentiras, la incapacidad para separar los intereses nacionales y los del capitalismo de los compinches, terminaron en una inmensa derrota moral. Se evidenció en Guantánamo y en la crisis de los derechos civiles de los propios estadounidenses. Esa crisis moral no es ajena, finalmente, a la catástrofe económica de EU donde los banqueros y el sistema financiero, desnudos, han presidido el fin de una era en términos de la crisis económica del mundo. Este año termina, así, con esa losa inmensa y con la esperanza de la humanidad en el gobierno de Obama que aparece, a su vez, como elección mundial puesto que el mundo votó por él. Su tarea es inmensa, compleja y cuesta arriba. Se trata de devolver a las sociedades, a la economía real con el derecho, el clima y el cambio. Temas enormes.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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