La violencia que ha sufrido Grecia a raíz de la muerte de un estudiante en un enfrentamiento con la policía invita a la meditación. ¿Por qué la dimensión de los choques? La muerte del joven Alexandros (Alexis en la memoria colectiva) Grigoropoulos, muerte que según la policía fue accidental, sorprende por sus magnitudes y a la vez por la aparición de actos solidarios en otros países europeos. Estamos, de alguna manera, ante una rebelión de las infraestructuras sociales —como hipótesis teórica la he planteado ya—, frente a las superestructuras del poder. Es ostensible que el modelo de comunicación entre gobierno y sociedad no funciona, en Grecia y en muchos países más, a nivel racional. La comunicación inteligente falta. Es un gran tema en la edad de la internet y de los medios electrónicos. ¿Por qué es así? Fundamentalmente por la privatización de la revolución tecnológica en beneficio de intereses separados de las sociedades. Se paga con el divorcio y la violencia. País miembro de la Unión Europea de los 27 y ya país del euro, Grecia ha vivido —11 millones de habitantes y 31 mil 890 dólares per cápita— el reemplazamiento de un primer ministro socialista por uno conservador (su primer ministro es Kostas Karamanlis) hecho que comenzó con un escándalo. Karamanlis acusó a su predecesor de falsificación de las cuentas nacionales (excluyendo los gastos militares) para reunir las condiciones necesarias para ingresar en la Europa del euro. La revelación provocó un escándalo en Bruselas (capital administrativa de la Unión Europea) agravada porque el vicepresidente del Banco Central Europeo en la época era un griego, Lucas Papademos. A ello hay que añadir los cuestionarios: que Grecia ha tenido un crecimiento económico alto, pero ampliando desigualdades y sin resolver las demandas de los jóvenes, a la vez que envejece la población —como ya es un caso en México y un problema grave para su futuro— y, por tanto, una mayor presión sobre las pensiones en una etapa inflacionaria en Grecia. En esas condiciones, y sin resolverse enteramente el problema fiscal (igual que en México), el déficit público, por encima de las normas europeas, colocaba el cuestionario impositivo en un primer plano. Aunque los gobiernos han hecho un esfuerzo indudable para resolver el problema del déficit público, las contradicciones económicas y fiscales no se han resuelto siempre porque, como en México, el dilema de la competitividad, a escala de economías abiertas, es un dilema grave. Sobremanera, además, porque históricamente Grecia está involucrada económicamente en los Balcanes (“volcanes” se decía antes), donde están implantadas 3 mil 500 empresas griegas, y en razón de ello han fluido inversiones extranjeras en Grecia para apoyar esa expansión en las nuevas naciones balcánicas después de la liquidación de la Yugoslavia de Tito. En síntesis, una situación económica y política en transición que obliga a la mesura y con una memoria histórica de luchas, de un lado contra la vieja dictadura y del otro con el conflicto tácito con Turquía —mejorado— sobre Chipre. Todo ello requiere tino en los dos partidos mayores, el Pasok, es decir, el Movimiento Socialista Panhelénico, y el conservador de la Nueva República. Coalición indispensable y conflicto previsible en casos. Sobremanera, como ocurre hoy en toda Europa, con un peligroso aumento del desempleo por la crisis mundial y con efectos inmediatos sobre la integración de los jóvenes en el mercado del trabajo y de los mayores en el sistema de las pensiones, lo cual quiere decir mayores necesidades fiscales. En esas circunstancias, la muerte de Alexis (una bala rebotada dice la policía helénica, pero al fin y al cabo una bala disparada) ha deparado semanas levantiscas que, bajo el nombre infortunado de Alexis, revelan la tensión social y cultural en las infraestructuras. |