Territorio sonoroDe aficionado al jazz en los 40 a oráculo de estilo en los 2000, a lo largo de 2008 el hipster reinó sobre la moda burguesa. Podría ser integrante de los Strokes o mesero de la Condesa, a veces lleva una cubierta de ropa fosforescente y aún no decide si quiere ser punk, raver, nerd o mod. Es amante de la escena musical subterránea, y es alérgico a las bandas que cualquier mortal conoce. Este año fue descubierto por la tendencia y exprimido hasta la última gota, como la fruta cítrica de la moda que representa. Antes de 2008, habían pasado casi desapercibidos envueltos en sus paños árabes —los keffiyehs— y detrás de sus gafas Ray Bans edición Wayfarer. Ahora aquellos que no son emos buscan ser hipsters, si les alcanza el dinero. Son capaces de cambiarle de canal al mundo sin reparar en detalles y sin marearse. A 40 años del 68, lo único que se han atrevido a retomar son modas pasadas, y han dejado de lado todas las ideologías. Durante los últimos 12 meses, estos infantes terribles y esquizofrénicos del consumo alteraron su look para satisfacer a su ‘Yo’ aleatorio. Si un día se les antojó parecer pornstar de los 70, se dejaron crecer un bigotón de macho. Si a la siguiente hora pretendieron ser engendros de Andy Warhol e Edie Sedgewick, se colgaron una cámara análoga y usaron medias hasta para dormir. Hubo bandas de toalla para la cabeza de los tenistas frustrados y audífonos conectados al aire para el DJ de la vida diaria. Los tenis Nike Dunks calzaron a la gran mayoría de los posmodernos. El rapero de Chicago Kanye West además de tener su blog de estilo, rescató los sneakers automáticos de Marty McFly (Michael J. Fox en Back to the Future); mientras, el álbum Stainless Style, de Neon Neon, pagó tributo a John DeLorean, playboy y diseñador de dicho auto o máquina del tiempo. Aunque el hipster mire al pasado con la ilusión de acelerar la creatividad del presente, este anhelo por “Volver al futuro” comprueba que el mundo desconoce en qué tiempo conjugar. En esta paranoia por la moda de cinco minutos, el hipster deja de ser encarnación de la vanguardia. Sus amados Ray Bans encubren las miradas de cualquier mortal; así como sus entrañables “mascadas árabes” se enredan alrededor de los pescuezos de quienes no tienen interés alguno en apoyar a los palestinos —y que combinan con accesorios de lujo, ajenos a los cánones del hype y la resistencia globalifóbica. Es posible ser icono de la moda (por lo menos en las fiestas modernas del DF), y a la vez mostrar interés político al portar una playera estampada con el rostro de Obama. En el recuento de los daños: este 2008 se consumieron estéticas, ideologías y combustibles a la misma velocidad. Lo mismo importó el nuevo presidente de EU, los estragos del calentamiento global o si el calzado deportivo en turno brillaba en la oscuridad. Susana Medina suzyrain@gmail.com. Es colaboradora de Ibero 90.9 |