Quizá todos los libros deberían leerse sin antecedente ninguno acerca de la trayectoria literaria de sus autores. Esto evitaría prejuicios y presunciones y nos llevaría a aquilatar el valor de la obra sin previos avisos de calidad.Es este el modo en que yo, neófito de la literatura coreana, he leído a los novelistas Hwang Sok-yong (1943) y Gong Sun-ok (1963) y lo que he obtenido es un gratísimo placer y la alegría de confirmar que siempre hay algo nuevo bajo el sol, a contracorriente de los que sostienen que todo en este mundo ya ha sido escrito. La literatura, cuando está hecha de experiencia vital y no únicamente de conocimiento libresco o erudito, nos ofrece una gran oportunidad de descubrimiento. Ricardo Garibay, voraz lector él mismo, y sabio en muchas cosas, aconsejaba leer como quien conquista tierras vírgenes. En el caso de los libros de Hwang Sok-yong, El huésped, y de Gong Sun-ok, La familia itinerante (ambos publicados en México por Ediciones del Ermitaño, 2008, Colección de Literatura Coreana), yo he procedido según este consejo, porque, además, no tenía alternativa. Mi conocimiento de la literatura coreana se reducía, hasta ahora, a una antología cuentística de cinco autores que no me daba por supuesto ninguna autoridad para juzgar o para comparar. Sin embargo, siguiendo esta exploración de las tierras vírgenes de la literatura coreana, asumí el camino del lector que está dispuesto a encontrar las sorpresas que le depara lo desconocido. Y he sido sorprendido muy gratamente. El huésped me ha deslumbrado en muchas de sus páginas y en todas ellas me ha enseñado más que cualquier compendio de historia moderna coreana de los que pude consultar después de leer esta novela que, como insisto, me resultó espléndida. El protagonista, un misionero cuyo hermano mayor ha muerto unos días antes, en el exilio estadounidense de Nueva York, regresa a su lugar de origen, gracias a un programa oficial de visitas a familiares en Corea del Norte. Lo único que lleva Liu Yosop de su hermano, el pastor Liu Yohan, es un pequeño fragmento de hueso luego de ser cremado. Y no sabe exactamente a qué familiares podrá encontrar allá, luego de 40 años, porque tampoco sabe quiénes han muerto y quiénes aún viven. El hermano mayor viajará en el bolsillo del hermano menor y regresará a su lugar natal como un fantasma en busca de perdón. La familia itinerante, de Gong Sun-ok, es también una obra que nos enfrenta a la historia de Corea. Pero a una historia más reciente que aborda con maestría la miseria y los contrastes sociales en esta nación. A través de cinco relatos extensos Gong Sun-ok va construyendo una especie de fresco narrativo. Los relatos se van entreverando y sus puntos de contacto o vasos comunicantes son los personajes pobres y las situaciones de contraste social en la Corea contemporánea. Estos contrastes sociales, que hieren, nos remiten por supuesto al pasado, pero no es tanto del pasado que la autora nos quiere hablar, sino del presente, de un presente que agravia la condición del ser humano. A diferencia de los escritores que piensan que la tragedia histórica y la realidad presente de su nación no son importantes para la literatura, Hwang Sok-yong y Gong Sun-ok, afrontan esa tragedia histórica y esta actualidad apremiante, para poder entrever el destino de su patria. Si la literatura se deshumaniza y sólo se entrega a la técnica, a la construcción de estructuras formales y a la trivialidad de simplemente entretener, será muy poco lo que nos pueda aportar, esa literatura, para realmente comprender y comprendernos. |