En la capital, cualquiera puede hacer cualquier cosa… y no pasa nada
En ese clima, jefes del crimen pueden pagar matarifes para “fusilar” policías
Más allá de la polémica sobre los niveles de inseguridad que se viven en el Distrito Federal, está claro que pocos objetarían que es la ciudad reina de la impunidad.
Y es seguro que no faltarán las voces que pretendan negar lo que está a la vista de todos —lo que es evidente y padecemos todos—, y sin duda uno que otro hasta se atreverá a cuestionar: ¿Por qué la certeza?
Y la respuesta la saben todos los que viven en la capital del país. El Distrito Federal es el reino de la impunidad, porque en las calles del “Deefe” cualquier ciudadano puede hacer cualquier cosa, sin que pase nada. Todo tiene arreglo, precio, forma de solucionarse. Todas las autoridades tienen precio y todos —o casi todos, para no ofender a las buenas conciencias— somos corruptos, en mayor o menor medida.
En las avenidas más importantes de la capital del país, cualquiera puede meter su camión de carga, su microbús, su camioneta de redilas para vender bolsas de fruta; cualquiera se puede poner de acuerdo con los policías de tránsito para estrangular una calle —como ocurre cada tarde en el entronque de Viaducto y Periférico—, que permite la vendimia en plenas vialidades primarias; cualquiera puede hacer un plantón, bloquear esas “arterias viales”, protestar por lo que sea, durante el tiempo que sea.
Cualquiera se puede apoderar del corredor Reforma-Zócalo, bloquear la avenida Bucareli frente al reloj chino, plantar durante días, semanas y hasta meses casas de cartón, madera o ladrillo en la explanada del Monumento a la Revolución, en la plaza de La Madre; cualquiera puede cerrar la continuación de Tlalpan hacia el sur, para instalar la feria del pueblo y provocar cada tanto un caos monumental; cualquiera se puede desnudar en Reforma y alardear de un movimiento social fantasma.
Cualquiera puede colocar los camiones de basura, en los alrededores de las “Estaciones de transferencia”, para convertir las calles en industrias para separar los desperdicios reciclables; cualquiera puede convertir la calle en mercado sabatino o dominguero —en las avenidas más transitadas— o establecer una extensión del taller mecánico en plena calle. En decenas de unidades habitacionales, cualquiera puede construir extensiones de las casas, apoderarse de los jardines colectivos, de las áreas comunes y edificar una nueva casa en esos espacios.
Cualquiera puede convertir en propiedad privada tal o cual calle, la que alquila para estacionar automóviles. Cualquiera puede convertir una calle —como ocurre en Tepito— en un mercado privado, con techo, agua, energía eléctrica, calle por la que se prohíbe el libre tránsito de las personas; cualquiera puede abrir un antro, un centro de espectáculos sin contar con estacionamiento, sin medidas de seguridad, sin reglas; cualquiera puede especular a la vista de todos con los boletos para tal o cual espectáculo, cultural, deportivo, musical.
Cualquiera puede plantar puestos ambulantes —del giro que guste y mande, en esta o aquella calle; llevar tanques de gas para las fritangas, vender enseres robados, piratas; cualquiera puede pagar a un herrero para que cierre la calle y se permita sólo el tránsito local, cualquiera puede pagar a otro herrero para construir un puesto fijo en cualquiera de las calles; cualquiera puede clonar un automóvil robado, pintarlo como taxi, dar servicio y usarlo para el robo y el secuestro.
En el Distrito Federal cualquier ciudadano puede hacer esas y muchas cosas más, y no pasa nada, ninguna autoridad pone orden, hace valer un reglamento, sanciona, libera las vialidades, cancela las irregularidades. Ya sabemos que si un hijo de vecino saca un puesto a la calle, llega de inmediato el policía y… siempre existe forma de arreglarse. En ese y en todos los casos arriba citados se llega a arreglos, siempre por debajo del agua, con dinero de por medio.
Desde movimientos políticos y sociales, hasta francas industrias del delito, en las calles de la ciudad de México todos pueden hacer lo que les plazca, sin que pase nada. Se vive en la impunidad total. Y viene a cuento el tema por la ejecución —verdadero fusilamiento—, de un alto jefe policiaco del Distrito Federal; Víctor Hugo Moneda Rangel, asesinado cuando llegaba a su casa la noche del pasado lunes.
Y en ese reino de la impunidad que es el Distrito Federal, cualquiera de los jefes de las mafias puede pagar a sicarios o matones a sueldo para asesinar a jefes policiacos. Total, es el reino de la impunidad. Y cuidado, por ahí se le puede ir a Marcelo Ebrard la candidatura presidencial.
EN EL CAMINO
Por cierto, Édgar Elías, presidente del Poder Judicial del DF, rindió su primer informe de labores. Y prometió una batida contra la impunidad.
Sin duda está en lo cierto el Sr. Alemán, pero desafortunadamente no es algo privativo del DF, habría que salir al Estado de México y veremos situaciones, si cabe la expresión peores...
2008-12-11 20:07
jose antonio / df
EXCELENTE NOTA SENOR ALEMAN. COMO EN EL VIEJO OESTE, INVITO A CADA CIUDADANO DE STE PAIS, Y EN ESPECIAL DE ESTA SUFRIDA CIUDAD, A ARMARNOS, ANTE LA ACTITUD DE LA AUTORIDAD A LA QUE LE VALE MADRE TODO.SI EL GOBIERNO NO CUMPLE CON SU FUNCION DE DEFENDERNOS A LOS CIUDADANOS, FORMEMOS ESCUADRONES Y PONGAMOSLE EN LA MADRE A TODOS ESTOS GANDALLAS QUE USTED MENCIONA SENOR ALEMAN; PUES ESTAMOS EN TOTAL INDEFENSION, ANTE EL HAMPA QUE NOS TIENE ACORRALADOS. cOMENSEMOS POR PONERLE EN LA MADRE A TODOS LOS PEJENDEJISTAS Y AL MISMO PASTOR DE ESOS REBANOS. OJALA MI PROPUESTA TENGA ECO.
2008-12-11 19:59
manuel / colima
ay alcibiades de Tijuana, cómo se ve que no has vivido en el DF, pero como castigo me gustaría pagarte el pasaje para que vivas un mes en Iztapalapa junto a la casa de los mocolargo (mafiosos familiares de un policía). mi oferta está en pie
2008-12-11 19:26
Elias Andres Rodriguez T / Xalapa Ver
dEBE APLICARSE LA PENA DE MUERTE EN TODA LA REPUBLICA PARA LOS CRIMINALES, YA QUE CUANDO LOS AGARRAN, O SE SE ESCAPAN O LOS DEJAN SALIR$, DEBE INCLUIRSE A OPLICIAS.MP Y JUECES CORRUPTOS
2008-12-11 19:17
Dr JF Tapia R / Cd. Juarez
Don R. me permito emitir mi opinión en calidad de visitante frecuente. Hace unos meses leí de un columnista que los capitalinos han hecho del desastre una forma de vida, y ahí encontré la frase que andaba buscando para definir lo que he podido observar. En una ¨micro¨, como le llaman, cualquier gente con conocimientos de seguridad consideraría a los que en ella viajan con un riesgo sumamente alto. Si se trata de lugares atiborrados de asistentes, la posibilidad de escapar con vida de alguna emergencia (cismo, incendio, etc.,) son totalmente nulas. La posibilidad de que te atropellen es de casi un 90% si te mueves como peatón. En caso de una catáastrofe como ocurren casi cada (creo) que cada 4 días en alguna parte del planeta, no habría la posibilidad de contar con atención médica oportuna y adecuada, si llegasen a haber más de 50 heridos graves, la posibilidad de salvar a 10 de ellos sería casi imposible. No existe cama de reserva en ningún hospital publico y si acaso habría en unos cinco hospitales privados, solo que el traslado sería tan tardado que muy pocas probabilidades de aprovechar esos recursos. Claro que morirían sin que nadie tuviera la culpa, pues como afirma esa máxima de la política mexicana, inventada por los amos de la impunidad...¨Hay que buscar soluciones, no culpables¨ En las esquinas no hay una señal que te diga que debes hacer: Alto. pase. cualquiera que circule a la derechapuede atravezar en un angulo de 90 grados hacia el extremo izquierdo, sin importarle que se quede atorado. Es la única ciudad en que he visto un letrero que diga haga alto porque si no, se lo lleva el ¨tren ligero¨. O SEA ESTE ALTO SI ES DE ADEVERAS.
Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.