Este pobre clasemediero ha fracasado en su intento por averiguar el número de teléfono privado de don Carlos Slim, ya que el magnate no figura en el directorio.Alejado de amigos que pudieran tener en sus agendas al dueño de Telmex, tampoco ha logrado conseguir su número de móvil, a fin de que el popular inversionista y filántropo pudiera escuchar con sus oídos cierto mensajito, tan poco grato como innecesario, que su empresa suele enviar a sus muy estoicos y responsables suscriptores: “Estimado cliente de Telmex, seguramente por una razón ajena a su voluntad su recibo telefónico no ha sido pagado; lo invitamos a realizar su pago cuanto antes y con ello evitar la suspensión del servicio…” Más de un lector habrá levantado la bocina para recibir ese mensaje, quizá durante horarios o situaciones incómodas. En algún caso, habrá tenido que salir apuradamente del baño o correr sobre una escalera, a riesgo de accidentarse; todo para atender una llamada que, para colmo, no es generada por una voz, digamos… humana, frente a la cual alguien podría desquitarse de la congoja que causa el simple telefonema. Y es cuando uno quisiera ser importante: poder repiquetear el tímpano del hombre más rico del mundo y enviarle –con todo respeto–, un recadito así: “Estimado dueño de Telmex, le comunico que estoy próximo a pagar mi recibo telefónico; de modo que, por favor, ya no se moleste en recordármelo de manera tan atenta, y…” Y es que resulta obvia la inutilidad del método: uno ya sabe cuál será la pena máxima que podrá recibir: que se la corten —la línea, claro—, si es que no alcanza la quincena o no coincide el día que sale nuestro cheque con el de la fecha límite. Así pues, estando todos amarrados a un servicio que se ha vuelto necesario, no se ve razón para emplear la violencia verbal: una amenaza, pues, por cordial que parezca. No sin pecar de sadismo, el monopolio aún se cura en salud —antes de quitarnos voz y datos— mediante otra llamada: “Como un servicio adicional, le informamos que su recibo telefónico está próximo a vencer”. Asimismo, se toma la libertad de compartir nuestro número con empresas de telemarketing que también nos apabullan a timbrazos: —Le hablo de parte de Telmex, ¿me puede comunicar con el titular de la línea? —Si de veras hablara de esa empresa, ya sabría mi nombre, ¿no? —Bueno, sí, pero permítame; déjeme explicarle que…. Y dan ganas de colgarlos para siempre. amilcarsalazar@yahoo.com |