La caída en la actividad industrial, aunque la sabremos con certeza la próxima semana, debe andar ya por -8% anual, que no es poca cosa. El desempleo ha crecido a 6.7% desde un nivel inferior a 6% al inicio del año. Pero lo más llamativo en este momento es el cómo se les está complicando la vida a grandes empresas del vecino país que, por décadas, han sido referencia.En el sector financiero, lo más importante ha sido la desaparición de la banca de inversión, posiblemente la invención más significativa de Wall Street. Los cinco bancos que había no existen más: Bear Stearns y Lehman Brothers quebrados, Merrill Lynch y Morgan Stanley comprados, y Goldman Sachs en proceso de convertirse en banco comercial, muy probablemente en asociación con otras instituciones. Sin embargo, no sólo han desaparecido estas empresas, sino que ha sido necesario rescatar, fusionar y comprar buena parte del sistema financiero de Estados Unidos, para evitar quiebras masivas. El mayor monto será, sin duda, el rescate de las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, que a mediados del año se estimó en 800 mil millones de dólares, cifra que no se ha modificado públicamente. Del paquete de rescate por 700 mil millones de dólares, que es un dinero distinto, la mitad ha sido usado para el sistema financiero, pero queda otro tanto disponible, que al parecer no se utilizará sino hasta que entre el nuevo presidente. Pero ahora ya hay rescates en otras industrias, como es el caso automotriz. En este caso ha sido más complicado porque las empresas estadounidenses, las tres grandes, no están en problemas por la crisis, aunque ésta sin duda los está agravando. Ford, General Motors y Chrysler sufren porque arrastran costos de otras épocas. Son las grandes empresas del capitalismo industrial que se pensó que podría sostener un Estado de Bienestar frente a cualquier adversidad. No ha sido así. Las pensiones y planes de salud de los trabajadores de estas empresas son extremadamente costosos, y no permiten que las armadoras puedan competir en condiciones razonables con las japonesas, que no tienen esos costos. Como referencia, una hora de trabajo en Honda, Nissan o Toyota, en Estados Unidos, tiene un costo de 45 dólares. No es que le paguen eso a los trabajadores, es el costo para la empresa. Bueno, pues en Ford, General Motors y Chrysler, esa misma hora cuesta 75 dólares. Así no hay manera de que compita un grupo con el otro. Y esos 30 dólares de diferencia son prácticamente por las pensiones y planes de salud que le comentaba. Este problema no es nuevo, como usted se puede imaginar, pero las armadoras estadounidenses habían logrado sobrevivir gracias a México. El TLC de Norteamérica se hizo, en buena medida, porque las automotrices lo impulsaron. Para Ford, General Motors y Chrysler, la mano de obra mexicana, calificada pero menos costosa que la de Estados Unidos, fue la salvación durante casi 15 años. Pero ahora, ni con eso la libran. El rescate por 15 mil millones de dólares para estas empresas les permitirá vivir unos meses más, solamente. Si no se hace una profunda reestructuración de su forma de producción, y de sus relaciones con el sindicato (United Auto Workers), estas empresas desaparecerán, junto con los 200 mil empleos directos que tienen en el país vecino. Ayer, por otra parte, dos de los periódicos más famosos del mundo hicieron públicos sus problemas. El Chicago Tribune, de plano, entró en bancarrota, mientras que The New York Times anunció la contratación de deuda por 250 millones de dólares respaldada con sus inmuebles. Hipotecó su casa, pues, para seguir funcionando. También en este caso, no es la crisis el origen del problema, pero sí lo acelera. Los periódicos en Estados Unidos han venido cayendo en circulación desde hace ya varias décadas, y de forma más acelerada en los últimos años. La crisis complica una situación que ya era difícil. Así como ha ocurrido con estas empresas, ocurrirá con otras más. Todos aquellos que tenían algunos problemas, ahora los verán crecer y multiplicarse, y en muchos casos la situación se complicará tanto que desaparecerán las empresas. Eso ya ocurre en Estados Unidos, y empezará a ocurrir en México. Y en ambos países (y en muchos más), este fenómeno se prolongará al menos durante la primera mitad del año próximo. Las crisis no sólo son situaciones difíciles en las que se pierde riqueza, ingreso o empleos. Son también grandes sacudidas en los mercados que provocan la desaparición de empresas y el cambio de liderazgos. Por eso pueden convertirse en grandes oportunidades para quienes logran aprovechar esas sacudidas. Al final, hay ganancias… pero no son para todos. |