Contrario a lo dicho en los tours mediáticos, en los últimos 24 meses 48% de los mexicanos encuestados por María de las Heras dijo que su modo de vida empeoró. Y es que la desocupación abierta —antes del catarrito— aumentó a tal grado que hasta el INEGI reconoce a dos millones de personas sin trabajo. “Hasta”, porque ese instituto toma como trabajadores a quienes laboran sin salario para reducir el porcentaje de desocupados.¿Quiénes son ellos?, los miles que viven de la informalidad, se autoemplean o ponen changarros porque es la calle la que crea dos de cada tres nuevos trabajos. Hasta septiembre los despidos crecieron 17.5%, la tasa más alta en cuatro años. Sólo en las manufactureras, acepta el IMSS, recortaron 185 mil empleos y otros 27 mil en la construcción. En el mismo lapso 600 mil jóvenes dejaron la escuela en busca de empleo; más de millón y medio (entre 15 y 19 años) no estudian y la mayoría de egresados de escuelas públicas y privadas “está en la banca”. Sólo para que quede claro: en 2000 el desempleo oficial era de 1.9% de la PEA. Este 2008 ya llegó a 4.25%. Lejísimos quedó lo ofrecido el 27 de mayo de este año: crear 800 mil empleos anualmente, crecimiento de al menos 5% y descenso de 30% en la pobreza. Estos números nos dicen que el fracaso ha sido total. El otro rubro de mayor interés: la seguridad. Aquí lo que aterra ya no son las cifras de ejecutados o secuestrados, sino la impunidad y complicidad documentada. Hace dos días llegamos a 5 mil 31 ejecuciones este año, todas por el crimen organizado. La descomposición es tal que ya no nos alarman estas noticias: “Los últimos mil 31 muertos se dieron en 42 días; al menos 24 homicidios por día, uno por hora”. Documentada la corrupción hasta las más altas instancias para combatir al narco (fueron delatados), el reconocimiento de que 50% de los policías no son recomendables y el respaldo a “los amigos” (Guillermo Valdés, del Cisen; Juan Camilo Mouriño y Genaro García Luna, de Seguridad Pública), entendemos porqué vivimos la peor crisis económica, política, social y moral de nuestra historia reciente. Acaso por ello Calderón necesita un excesivo y ofensivo aparato de seguridad en cuanto sitio se para. Vallas, cientos de policías, elementos del Estado Mayor y miles de recursos monetarios se gastan en ello. Coartan el libre tránsito, obligan hasta a discapacitados a desviar su ruta, cierran calles y deciden quién sí y quién no puede andar por determinado sitio. Es la muestra más palpable del fracaso. Un gobierno exitoso no se protege de los ciudadanos. |