Dado que el precio de los alimentos sigue al alza sin freno, la lógica indica que es hora de aumentar la producción agrícola y pecuaria nacional para no depender más de las importaciones. Lo malo es que no hay firmeza ni sentido común en quienes se asumen como autoridad. Escribimos el viernes anterior que desde 1982 el Estado abandonó al campo, a los campesinos y condenó a los mexicanos a pagar precios altísimos por la comida. ¿Por qué gobiernos priístas y panistas mantienen este sistema ya agotado?¿Negligencia? Sí, pero realmente por las presiones de gobiernos y multinacionales que acepta nuestro país. En 26 años, pasamos de un sistema agropecuario con plena intervención estatal a otro de concentración privada de toda la cadena agroalimentaria, con altísima ganancia para pocos y ofensiva hambruna nacional. México importa 42% de lo que come. ¿De qué le sirven vasto territorio, recursos agrícolas y la fuerza campesina si el gobierno prefiere importar alimentos aunque dicha balanza comercial con EU sea deficitaria en casi 5 mil millones de dólares? Contrario a lo que se necesita, el Estado se doblega ante las multinacionales y les permite importaciones subsidiadas. “Es la globalización”, dicen. El resultado: hoy se producen alimentos no para saciar el hambre popular, sino para que firmas poderosos ganen lo que quieren e impongan condiciones al Estado. Importamos alimentos, pero exportamos campesinos. Es absurdo. Subió el precio mundial de los granos. Bimbo, Maseca, Bachoco y otras cobraron más por sus productos. Hoy que aquéllos ya bajaron a más de la mitad, seguimos con los precios altos. ¿Cambiar el modelo que empobrece?, para nada. La Secretaría de Economía tiene un programa de subsidio a Maseca de mil pesos por tonelada de maíz para comprar harina barata. Agricultura le dio 650 pesos de subsidio para comprar maíz a bajo precio. Hacienda la privilegia en el pago de Impuesto Sobre la Renta, pero el colmo es que Nacional Financiera se apresta ya a rescatar a Maseca, luego que ésta especulara con los precios a futuro. Es cierto que Maseca o Bimbo son empresas globales, pero la base de su crecimiento ha sido la pobreza, la malnutrición y la afectación a la agricultura campesina. Tras la firma del TLCAN, México aumentó en 500% las importaciones de hortalizas frescas y congeladas; 100% en frutas frescas comestibles y 600% en cereales. Pero la crisis alimentaria que viene —si no se cambia el modelo— también pone en riesgo la estabilidad del país, al echarle más gasolina al fuego de la crisis social. |