El gobierno elegido por Obama es la historia natural: elige a los más experimentados del sistema y, en consecuencia, el centro. El “cambio” que Obama mismo ha ofrecido al mundo, no sólo a Estados Unidos, posee una racionalidad esencial: George W. Bush arruinaba el sistema, pero el sistema —biológicamente modificado con Lincoln, ideológicamente transformado por Roosevelt, y elevado a los altares de las nuevas generaciones por Kennedy— gravita sobre el centro. Se olvida que Roosevelt, enfrentado con la Gran Depresión y con 25% de la población en la miseria, optó por un Estado regulador, no por la revolución. En las elecciones de 1932, claves por el derrumbe de Wall Street en 1929, el presidente saliente, Hoover, responsable de la crisis, todavía obtuvo 15.7 millones de votos frente a los 22.8 millones de Roosevelt. En esas elecciones, con millones de obreros en paro, el candidato socialista, Thomas, un hombre honorable, contó 884 mil 640 votos. En las elecciones de 1936, sin resolverse aún los problemas, Roosevelt, reelegido, contó 27.7 millones de votos y Thomas, sin más, regresó al pasado: 187 mil 833. En suma, el “cambio” de Roosevelt, es decir, el New Deal o Nuevo Trato se basó en el poder regulador del Estado… porque había Estado. No pasó de esa raya, pero recordó a los banqueros su responsabilidad, como gobernante, ante la economía real. Al presentar su programa dijo: “Yo prometo a ustedes, yo me prometo a mí mismo un nuevo trato for the American people, esto es, para el pueblo norteamericano”. Todos lo comprendieron cuando firmó, en 1933, la Ley de Emergencia Bancaria: Emergency Banking Relief Act. Ratificó: “Todo el mundo lo comprenderá, even the bankers, inclusive los banqueros”. En las elecciones de 1940, año en que por vez primera desde 1929, se recuperaba el PIB per cápita de entonces, Thomas tuvo 116 mil 410 votos. Finis terrae. El gobierno de Obama implica un cambio mucho mayor en el imaginario colectivo mundial. Mayor porque el fracaso de Bush ha sido universal. Aun así el gobierno de Obama, el de hombres con larga experiencia en el sistema y con proposiciones claras, en orden a la restauración de la economía real que, finalmente, es “consumo y seguridad”. En ese punto no hay dudas, pero el mundo ha cambiado. Ya no es Bretton Woods (1944), cuando EU era unilateralmente imbatible; ahora las decisiones son multilaterales y, algunas voces universitarias denuncian la “recuperación” de los irresponsables enriquecidos con la hecatombe de la economía real. Baste decir, sin Thomas, que David Yermack, profesor de Finanzas en la Universidad de Nueva York, en las páginas de The Wall Street Journal ha llegado al límite: “Decir No a Detroit”. Considerando el abismal fracaso de los tres grandes del automóvil, el profesor ha dicho algo impensable antes: “Sería mejor (que salvarlos) enviar un cheque a cada empleado”. No se hará, pero Obama sabe que el escándalo ético es inmenso. En México el gobernador del Banco de México ha tenido el valor de decir, entre los sacristanes del “nada ocurre”, que “el nivel de vida del mexicano está estancado”. En esta crisis hay que recordar, ante lo que viene, que están en juego las pequeñas y medianas empresas de México. Las “microfirmas” mexicanas emplean alrededor de 8 millones de personas (38.3% del empleo total, dice el estudio de la OCDE SMes in Mexico. Issues and policies. En las circunstancias presentes van a sufrir la reducción de los créditos y de la demanda. Es un tema capital, con la competitividad. Ésta sigue siendo el talón de Aquiles. El World Economic Forum (The Global Competitiveness Report 2008-2009) advierte, entre 134 países, que la competitividad coloca a México, en 2008, en el lugar 62; estábamos en el 2007 en el 52. Pymes y competitividad al aire libre. |