De que existe un pacto entre Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones ya no hay duda. Los mismos personajes decidieron hacerlo público y despresurizar así la sucesión presidencial, además de evitar un choque que neutralizaría las posibilidades del PRI en 2012.El gobernador mexiquense y el senador de Sonora no son precisamente amigos, aunque siempre han tenido trato cordial; pero hubo un hombre que fungió como enlace y facilitador del pacto entre Toluca y Xicoténcatl. Se trata de Emilio Gamboa Patrón. El habilidoso coordinador priísta en San Lázaro aprovechó la relación y cercanía que ha venido trabando con Peña Nieto y su amistad con Manlio para poner en sintonía a los dos aspirantes presidenciales más fuertes del viejo partido. Y no es que Beltrones y Enrique no tuvieran claro que un enfrentamiento entre ambos sería letal para cada uno y para el partido; lo que hizo Gamboa fue hacer que los dos lo hablaran y que les quedara claro que sólo uno sería candidato, pero que necesitaría, obligadamente, del apoyo total del otro para tener posibilidades de ganar el 2012. El pacto se estableció en encuentros que se produjeron hace dos semanas y en ellos quedó claro que, si bien Peña Nieto lleva ventaja amplia en las encuestas, aún falta tiempo para que se definan las cosas y nadie podía dar por muerto a Beltrones Rivera. Vaya, el mexiquense tuvo muy claro, al momento de pactar con Manlio, que con un político como el sonorense, con su experiencia, colmillo y las habilidades que le enseñó su maestro Fernando Gutiérrez Barrios, era mejor tenerlo de aliado que de enemigo. La esencia del acuerdo es evitar un pleito interno en el PRI, un rompimiento como el que causó en su momento Roberto Madrazo y que llevó al priísmo a la peor derrota de su historia. Pero, también, la alianza Peña-Beltrones lleva un segundo objetivo: frenar y contener a Beatriz Paredes porque la tlaxcalteca, dicen, anda “desatada” y quiere “chiflar y comer pinole”. Beatriz busca seguir siendo dirigente nacional, pero al mismo tiempo ser diputada y controlar la coordinación parlamentaria. La jugada de Paredes, que buscarían neutralizar los nuevos aliados, es que ella intente convertirse en diputada y mover sus piezas para poner al frente de la bancada priísta a un personaje afín a ella que le garantice el control. Hecho eso, Beatriz pediría licencia a la diputación para continuar como dirigente del PRI y dejar a su suplente cuidándole la curul. Cuando termine su dirigencia, en 2011, la tlaxcalteca regresaría a San Lázaro y buscaría, con el apoyo del coordinador parlamentario, ser presidenta de la Mesa Directiva en el último año de gobierno de Calderón; de ese modo estaría en el candelero para 2012. No necesariamente para ser candidata, porque Beatriz ha dicho a sus amigos, muy claramente, que ella no buscará la Presidencia porque “el país no está preparado para que lo gobierne una mujer, y menos una mujer como yo”. Pero desde la presidencia de la Cámara de Diputados tendría una posición inmejorable para ser tomada en cuenta en las negociaciones de un eventual gobierno priísta a partir de 2012. Así que la pregonada “unidad” de los priístas tiene sus bemoles. El pastel de la Presidencia es muy apetitoso como para compartirlo con tantos. Ya se verá qué tan sólido es el pacto Peña-Beltrones, qué pueden hacer los huipiles frente a la alianza del chorizo y la machaca, y qué tan bien tejió Gamboa. NOTAS INDISCRETAS... Con la salida de César Nava de Los Pinos se rompió el círculo cercano con el que Calderón llegó al poder. Fue el propio Nava quien le pidió al Presidente que lo relevara de la secretaría particular, con la idea de “crecer políticamente” e iniciar ya su propia carrera; por eso sus primeras declaraciones fueron que será candidato a diputado y por eso ayer, por la tarde, apenas dejó Los Pinos se le vio en la sede nacional del PAN donde empezó a operar con su gran amigo Germán Martínez. Con la llegada de Luis Felipe Bravo a la antesala del despacho presidencial, Calderón confirma el giro en su gobierno que inició con el nombramiento de Fernando Gómez Mont en la Segob: tras probar a los jóvenes y cercanos en el arranque de su administración, hoy decide recurrir a panistas experimentados pero también cercanos a él. De paso, Felipe demuestra ser mejor amigo de sus amigos al liberar a Nava y darle la oportunidad de salir de su sombra. Algo nada fácil y que en su momento se negaron a hacer muchos presidentes con sus particulares, el último Ernesto Zedillo, que nunca dejó a Liébano Sáenz cumplir su sueño de ser secretario de Gobernación... Los dados mandaron serpiente. Mal tiro. |