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México D.F., a 27 de noviembre de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
27 de noviembre de 2008
Venezuela y Hugo Chávez en horas difíciles


En 1947, es decir, 117 años después de la muerte de Simón Bolívar, Venezuela elegía, por vez primera, a su primer presidente por voto directo. El novelista Rómulo Gallegos, autor de Doña Bárbara fue al poder. Mi amigo, el notable Juan Pablo Pérez Alfonzo (clave en la fundación de la OPEP) se ocupó del petróleo.

Impuso su famoso fifty-fifty, “el 50% para las compañías de EU y el 50% para Venezuela”. Reacción: el golpe militar que derribó a Gallegos. Duró en el poder del 14 de enero al 24 de noviembre de 1948. La dictadura militar se mantuvo hasta la rebelión popular de 1958. En diciembre las urnas optaron por Rómulo Betancourt como presidente. Betancourt me invitó a la gran fiesta de la devolución de Miraflores a los venezolanos. Fidel Castro llegó a Caracas el 24 de enero de 1959.

Fue recibido, en el Congreso —con hermosos jardines— por Caldera que presidía la Cámara. Fue un acto fervoroso. Con Betancourt, Castro tuvo serios problemas. El nuevo presidente procedía de la izquierda dura, pero el exilio y las necesidades del país le incitaron a tener otra visión. Recuerdo que me dijo algo que antes me había dicho en Madrid durante su exilio: “Gobernaré con los votos”. Bronceado y duro rostro. Asumió, desde Acción Democrática, la necesidad de terminar con las tiranías. Recuerdo, años después, mis largas conversaciones con Pérez Alfonzo en su casa de Caracas (“ecológica” le decía yo) al pie del Monte Ávila. Inclusive hicimos juntos un programa sobre el petróleo para el canal 2 de México. Aún tengo conmigo, radiantes, aquellas conversaciones sobre Venezuela y el mundo. Cráneo rasado, móvil, el cuerpo, como eléctrico y con experiencias amargas que, en 1976, se tradujeron en un libro, El desastre, certificando que el petróleo no es una “chequera”, como cree Hugo Chávez, para cambiar el mundo. El desarrollo es algo más, pero en los años de la democracia y la alternancia de los partidos no se pudo conseguir. Dura lección. La nacionalización de los “pozos”, con Carlos Andrés Pérez —aún conservo fotografías con él en su despacho en Miraflores— supuso una euforia que generó, como la espuma, la corrupción. No el desarrollo. En ese periodo se “estrenó” Hugo Chávez con la idea de la rebelión armada y con una celda en la prisión. Malas experiencias. No se supo analizarlas.

Me acaba de llegar el Informe de Davos (The Global Competitiveness Report 2008-2009) que examina a 134 países. En el Uso de los recursos públicos, Venezuela aparece en el lugar 131; en Independencia judicial (esa independence es fundamental para el desarrollo y la convivencia), Venezuela ocupa el último lugar y México el 86. En el capítulo Favoritismo en las decisiones gubernamentales, Venezuela es el país 133; en la Eficiencia de la estructura legal ocupa el 134. México, lugar 111. En la Transparencia de las políticas de gobierno, Venezuela vuelve a ocupar el último puesto: el 134. En Organized crime, Venezuela es el país 125; México el 127. En Fiabilidad de los servicios policiacos, Venezuela 134; México 124. En la Inflación, esa vía de despojo a los más pobres, Venezuela aparece en el lugar 132. Su “chequera” real, no el discurso, funciona en favor de los ricos.

En ese marco —difícilmente puede responderse a los datos de Davos diciendo que son una visión “imperialista” ya que se reparten los palos— se han producido las elecciones del pasado domingo. Chávez perdió ya las anteriores y ahora, 45% de la población venezolana, en los estados más ricos y por tanto más desarrollados, no ha estado con él y ha perdido la alcaldía de Caracas en el momento mismo en que llegaban los buques de la Armada rusa. Ese capítulo, con la presencia de China en América Latina, revela, eso sí, cambios reales de la correlación de fuerzas. Difícilmente puede controlarlos Chávez, porque se juega a niveles muy altos. Los pueblos pagan.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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