¡Pshhhh, pshhhh! Sí, les hablo a ustedes, pajarracos; disculpen si les hablo bajito, pero no quiero que me oigan. ¿Ya revisaron bien las cuentas de los miembros de su familia?, ¿ya escudriñaron entre las cosas de sus hijos más grandes para ver si no tienen por ahí un portafolio de piel que ustedes nunca les compraron? ¿Señor, señora, ya verificó que su esposo (a) no le esté filtrando información a los narcos? Ay pajaritos, dirán que ya me pegó la paranoia, pero con esto de la Operación Limpieza, uno ya no sabe ni de quién cuidarse. Militares, subprocuradores, directores, policías mexicanos y de la Interpol… Todos metidos en la mi…en la misma corrupción de los narcotraficantes. Bueno, casi todos, menos Genaro porque ése, dice el presidente Calderón, es “probo” y blanco. ¿De veras el Presidente estará muy seguro de la probidad de todos sus funcionarios del área de seguridad? Porque una defensa como la que realizó el fin de semana, desde Lima, Perú, de su secretario de Seguridad Pública, parece prácticamente un “cheque en blanco”. Y no es que dude yo que el Presidente tenga los elementos para saber si sus secretarios no son parte de la infiltración que, según se está viendo, alcanza a todas las áreas de seguridad del Estado mexicano. Si de lo que se trata es de demostrar que de veras está decidido a “limpiar” la casa, ¿no podía el Presidente esperar a que fuera otra área del gobierno, tal vez el Cisen o el Ejército, la que rindiera un informe sobre la probidad de sus secretarios? ¿No se supone que si la “limpieza” va en serio no debe haber excepciones ni intocables y todos los funcionarios, desde el mismo Presidente hasta el procurador, el secretario de seguridad y todos debieran ser investigados y documentar su honestidad y capacidad para dirigir una “limpia” de corrupción como la que ha comenzado el gobierno calderonista? Como están las cosas, pajaritos, si Calderón quería ayudar a su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, y parar las especulaciones que se han desatado porque varios de sus colaboradores cercanos han sido involucrados con el narco en la llamada Operación Limpieza, quizá debió seguir un procedimiento distinto para “limpiar y vacunar” a García Luna que el simple y consabido “espaldarazo” que no parece haber sido suficiente para lo que se proponía el Presidente. Porque aunque Calderón diga que no duda de la probidad y honestidad de García Luna, el problema es que al detectarse que muchos de los colaboradores del secretario se coludieron con los narcos o que cuerpos policiacos que él creó y dirigió como la AFI están infestados de la corrupción del narcotráfico, no va a ser fácil que se crea que el titular de seguridad no estaba enterado de lo que hacían sus policías y cercanos. Hay dos formas de pecar o de faltar al cumplimiento de la ley y de la responsabilidad, decía ayer la Mafufa mientras leíamos la férrea defensa que hizo el Presidente de su secretario de Seguridad, por acción o por omisión; y en el caso de García Luna, si el Presidente afirma que le consta que no ha incurrido en acciones ilícitas —sin mostrar más elementos que el dicho presidencial—, todavía tendría que explicarnos cómo es que el hombre al que declara públicamente probo e impoluto, no se enteró ni hizo nada mientras directivos, policías y agentes bajo su mando recibían dinero de los narcos a cambio de filtrarles información sobre las acciones y operativos del Estado en su contra. En fin, pajaritos, que los infiltrados están por todos lados, y en una de esas, a ver si al presidente Calderón no lo sorprenden por andar girando cheques en blanco. ¿O se trata de que la “limpieza” sólo sea por encimita y no vaya al fondo del cochambre que por años, décadas, se acumuló y se toleró en las estructuras policiacas, militares y del gobierno? Yo por lo pronto, como no quiero pecar de ingenuo, ya mandé checar al perrón, a los pajarracos y a todo el personal del castillo. Bueno, con decirles que hasta a la Mafufa pedí que le dieran una repasada; no es paranoia ni desconfianza, pajaritos, pero les insisto: los infiltrados están por todos lados y ya no se sabe de quién cuidarse. |