Los imperios occidentales que dominaron África y ejercieron, hasta el acuerdo de la prohibición de la trata, el trágico comercio atlántico de la esclavitud, ¿qué dirán de nuevo en nuestros días ante la guerra civil en el Congo (Kinshasa), donde se funden, una vez más, los caudillos militares y las terribles historias de la aniquilación étnica? La vecina Ruanda, por ejemplo, ha dejado en la memoria humana las masacres de dos comunidades étnicas que por su dimensión sobrecogieron al mundo y que han tenido repercusiones notorias en Francia.La nueva crisis del Congo (ex Zaire, tercer país africano en superficie y espacio histórico de grandes minas de cobre, cobalto, zinc, etcétera) hereda el pasado trágico. Las estructuras materiales han sido destruidas por las contiendas o los conflictos raciales. Sus 57.5 millones de habitantes tenían un PIB per cápita en 2005 de 120 dólares, según el Atlaseco (Atlas Económique Mondial 2007), y más de 75% de sus habitantes vive con menos de un euro por día. Esa realidad, agigantada por una nueva guerra interna, me ha recordado el encuentro entre el Che Guevara y Nasser, el líder egipcio que creara la nueva nación y nacionalizara el canal de Suez. Busco en mi biblioteca el libro de Mohamed Hassanein Heikal, eminente colaborador de Nasser, titulado simplemente The Cairo documents. El Che Guevara le dijo a Nasser: “Pienso ir al Congo porque es en el presente (no podía imaginar el futuro) el punto más caliente (bélicamente) del mundo. Con la ayuda de los africanos representados por la comisión Tanzania y con dos batallones cubanos podemos golpear a los imperialistas en Katanga (zona minera), es decir, en el corazón de sus intereses”. Nasser, dice Heikal (notable historiador cuyos libros son relevantes incluyendo el que hizo sobre Irán), le contestó así: “Usted me asombra mucho. ¿Qué pasa en Cuba? ¿Tiene algún problema con Castro? Yo no quiero mezclarme, pero si usted quiere convertirse en un nuevo Tarzán, en un blanco llegando a los negros para guiarlos y protegerlos… eso es imposible”. Guevara, dice Heikal, se rió al verse comparado con Tarzán y la entrevista se detuvo en ese punto, “aunque fue el punto de partida para una serie de conversaciones y un diálogo entre Nasser y Guevara, diálogo entre dos revolucionarios cuya manera de pensar y hacer la revolución eran completamente diferentes”. En el curso de ese diálogo, el de un africano y un argentino, Nasser le dijo que debía abandonar la idea de ir al Congo. “Eso no irá bien. En tanto que blanco, usted será rápidamente visto y, con otros blancos, se ofrecerá a los imperialistas la idea de que sois otros mercenarios. Yo creo, le añadió, que la revolución es un fenómeno a escala mundial que no hace distinciones entre los colores y las razas, pero hay ciertas cosas que es preciso tomar en consideración. Lo que usted puede hacer es ayudar a los africanos para que cada pueblo tenga el derecho de hacer lo que estime correcto. Pero si usted va al Congo con dos batallones de cubanos y yo envío, con usted, un batallón egipcio, se denominará ese hecho injerencia extranjera y ello hará más mal que bien…”. Como se sabe, la experiencia de Ernesto Che Guevara terminó mal y se traspasó a Bolivia. En el curso de esas largas conversaciones (Nasser, dice Heikal, estaba fascinado por Guevara) un día vio ensimismado al Che. Éste le dijo: “Honestamente, pienso que no soy apto para hacer lo que yo hago y busco un lugar donde refugiarme. Yo he soñado con ir al Congo, pero después de lo que he visto allí, me siento inclinado a aceptar su punto de vista…”. Heikel, en Los documentos del Cairo recupera otras entrevistas de Nasser con los grandes de aquel mundo. La de Ernesto Che Guevara tiene un tono especial. He regresado a su lectura en estos días: cuando el Congo y su pueblo reviven la misma tragedia. |