En parte, nuestra inflación tiene que ver con el rezago con que se eliminó el subsidio a la gasolina, y en parte, con que el dólar se ha mantenido caro por ya casi dos meses.Aunque ese impacto del dólar ha sido absorbido por muchos de los comerciantes, algunos ya no han podido aguantar por más tiempo, y en este mes empezaron a trasladar el costo a los consumidores. El impacto ha sido importante en los servicios de comida, tanto en restaurantes como en loncherías, de acuerdo con el Banco de México, que registra un incremento promedio en los precios de estos establecimientos, de 0.25 y 0.28% respectivamente. Tampoco es una cosa extraordinaria, pero los restaurantes han elevado sus precios, en promedio, 5.34% durante este año, mientras que las loncherías lo han hecho en casi 6%. Sólo como referencia, las cantinas lo han hecho sólo en 5.17%. En cualquier caso, todas las alzas están razonablemente en lo que indica la inflación general, así que tampoco es como para dejar de ir a loncherías, restaurantes o cantinas. Al menos, no por eso. Como en otras ocasiones, el cambio de régimen de cobro para la electricidad en el norte del país tiene un impacto en esta quincena, y como también es muy frecuente, el jitomate presiona a la inflación. Para compensar, la cebolla baja de precio, así que es cosa nada más de usar más de ésta y menos de aquél en las salsas. Más grave, aunque tampoco lo sea demasiado, es el alza en el precio de la carne de res y del jamón. En lo general, lo importante es que los precios en México están subiendo, mientras que en Estados Unidos están bajando. De hecho, la preocupación allá es la deflación, es decir, la baja generalizada de precios, que suele ser mucho más grave que la inflación, porque afecta a los productores, que dejan de trabajar, y con eso se extiende la caída en la economía. Esta diferencia en el ritmo de los precios, de mantenerse por unos pocos meses, implicará que el dólar ya no podrá regresar a los 11 pesos, como esta columna esperaba. Le recuerdo el asunto del dólar, porque es importante no confundir lo que ocurre. El ajuste en las monedas de todo el mundo tiene su origen en el problema financiero de Estados Unidos. Frente a su crisis, en lugar de que el dólar se devaluase, como es lo normal en cualquier otro país, se revaluó, debido a que si Estados Unidos cae, caemos todos. Así, el dólar, la moneda de referencia mundial, sigue siendo el refugio frente a la crisis. Aunque ésta sea en el país del dólar. Es tan absurdo este movimiento, que la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense a tres meses, en el mercado secundario, cerró el viernes en números rojos. Y ayer lunes le pasó lo mismo a la de seis meses. Es decir que los inversionistas están aceptando perder dinero con tal de estar en dólares. Frente a eso, no hay tasa de interés que podamos poner en México que atraiga a nadie. Ya perdieron la razón. En consecuencia, el peso (como el euro, la libra o cualquier moneda latinoamericana) se ha devaluado frente al dólar. Y no regresará a su nivel previo sino hasta que desaparezca el pánico financiero. Esto, como ya hemos comentado, no ha podido ocurrir porque el nuevo presidente de Estados Unidos no había querido dar ninguna indicación en materia económica. Ya ayer anunció oficialmente nombramientos en esa área que deben ser muy bien recibidos. Eso y el apoyo a Citigroup levantaron las bolsas ayer, con lo que el peso regresó de casi 14 a 13.50. Nada para festejar, como es evidente. Ahora bien, mientras más tarda en estabilizarse el mundo financiero, más tiempo estará el dólar en esos niveles, y más amplia será la diferencia en precios entre México y Estados Unidos. Y eso significa que el valor al que regresará el dólar será cada vez más alto. No sabemos todavía a dónde, pero parece muy claro que no regresará a 11 pesos, y un piso de 12 parece más razonable. Pero todo es parecer, no hay nada que le pueda decir de cierto en este momento. Hay otra razón para ello, de más largo plazo, que muchas veces hemos comentado aquí. México ha sufrido, en estos últimos años, de un nuevo ataque de “enfermedad holandesa”. Se le llama así al fenómeno de tener un producto para exportación muy exitoso, que provoca grandes ingresos de dólares, revaluando la moneda local de manera excesiva. Al hacerlo, provoca que el resto de la economía sea menos competitivo. Esto nos ocurrió con el alto precio del crudo, desde hace ya buen tiempo, pero sobre todo en los últimos dos años. Al ingresar tantos dólares, el peso se mantuvo demasiado fuerte por mucho tiempo, haciendo muy difícil a la industria nacional competir con el resto del mundo. Pero ahora que el petróleo baja de precio, y sobre todo que dejamos de producirlo, viene el movimiento en contra. Y es un movimiento que se suma al que estamos platicando para elevar el piso al que estará el tipo de cambio en el próximo año. A pesar de todas estas consideraciones, esta columna sigue viendo al dólar demasiado caro, y seguimos esperando que regrese hacia los 12 pesos. Como ya se comentó, cuando los mercados internacionales se serenen. Si esta serenidad llega hasta enero, cuando Obama tome posesión, los 12 pesos ya no serán alcanzables, pero le actualizaré cifras cuando sea posible. |