El Congreso del Partido Socialista francés —derrotado en las últimas elecciones presidenciales— ha terminado como se inició: en la división. El porcentaje mayor de los votos de los militantes lo ha obtenido Segolene Royal que fuera, como se sabe, candidata frente al líder del centro-derecha, Nicolas Sarkozy.En el curso de las últimas elecciones presidenciales la mayor parte de los “barones” del partido estuvieron contra ella —era mujer— en la campaña electoral, pese a que la base de los militantes había optado por ella. Hija de un coronel del ejército francés, educada bajo la disciplina autoritaria de un viejo militar, Segolene Royal recibió una notable puntuación universitaria y, con ella, asumió la independencia familiar. Durante años mantuvo una relación específica con el dirigente del partido con el que tuvo cuatro hijos. No se casaron nunca y se separaron recientemente. En las últimas elecciones presidenciales obtuvo una votación muy superior a la que tuviera el líder socialista, Lionel Jospin, en la elección presidencial anterior. No sólo eso, sino que Jospin ni siquiera consiguió llegar a la “segunda vuelta”, lo que sí logró, pese a la reacción fálica de algunos de sus eminentes colegas, Segolene Royal. Lo cierto es que, pese a contar con el número de votos mayor, el Congreso socialista francés se ha dividido en banderías —otra mujer opta también por la secretaría del partido y dos o tres “barones” más— con lo cual, al no conseguirse la mayoría adecuada, el partido, ese gran partido histórico, ha quedado más escindido que antes. Ello ha ocurrido en el cuadro de la elección de Obama y de la crisis económica y financiera mundial. Ese grave momento histórico no ha influido, para nada, en los comportamientos de la clase dirigente del partido, que no ha generado una sola y lúcida alternativa a la crisis mundial y se ha quedado en simples banderías personales. Se trata, pues, de un doble fracaso. El segundo, la falta de proposiciones ante la crisis mundial, resulta escandaloso. En España, Izquierda Unida (Partido Comunista y Socialistas de Izquierda que no se han integrado en el PSOE de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, por citar dos de sus líderes actuales más eminentes), que obtuvo dos diputados en las últimas elecciones generales se encontró, después de los comicios, ante un hecho real: la baja creciente de votantes aunque, es cierto, la ley electoral española favorece a los partidos numerosos. Al margen, pues, de esa realidad no cabe eludir la verdad: que su coordinador debió renunciar al cargo dejando, para el Congreso de Izquierda Unida, la elección del nuevo coordinador. El Congreso, como el del Partido Socialista francés, ha coincidido con la crisis económica mundial que es, además, muy grave en España. Pese a esa ocasión extraordinaria de asumir el tiempo histórico y proponer alternativas racionales a la gran crisis sistemática, el Congreso, después de múltiples votaciones, ha sido incapaz de nombrar, de un lado, un coordinador y, del otro, pareció al margen de los grandes acontecimientos del derrumbe de Wall Street y del sistema bancario mundial y, por tanto, sin variables para la vieja estructura financiera. Inmunes a esa gran ocasión conceptual han mantenido sus guerras intestinas sin asumir sus responsabilidades. Más grave aún: fue Sarkozy quien propuso a Dominique Strauss-Khan, uno de los “barones” del Partido Socialista, para que fuese el director del Fondo Monetario y, al ex ministro socialista, le encontró la crisis mundial con un lío de faldas que generó un escándalo en el Fondo que no es, que yo sepa, de monjas clarisas. La verdad es que, hombre de talento, tampoco previó ni asumió un papel clarividente, ex ante de la catástrofe. Ni el Fondo ni el Banco Mundial denunciaron lo que venía. Fueron, todos ellos, excelentes discípulos de Greenspan: sordos y ciegos. |