El tatarabuelo de Michelle Obama, Jim Robinson, fue esclavo en una plantación de arroz en Carolina del sur; uno de los 14 millones 270 mil africanos vendidos en el continente“Don’t be afraid”, (“No tengas miedo”) fue un discurso impactante de Michelle, en campaña. Comienza con una reflexión: cuando como pareja y familia tuvieron que decidir si Barack asumía la precandidatura: “No fue fácil, teníamos miedo de perder, de que pudieran lastimarlo, de que la experiencia fuera mala, miedo de que la campaña hiriera a nuestra familia, la razón por la que dije ‘sí’ es porque estoy cansada de tener miedo, cansada de vivir en un país en el que cada decisión, en los últimos diez años, no fue por ‘algo’, sino porque nos decían que teníamos que tener miedo de ‘algo’, miedo de la gente que es distinta a nosotros, que cree en cosas diferentes, miedo el uno del otro. No quiero que mis hijas crezcan en un mundo basado en el miedo”. Imaginar una sociedad plural, capaz de cohesionarse a partir de objetivos, convicciones e intereses comunes, y no de la antigua (y eficaz) estrategia: “Tenemos que unirnos, corremos el riesgo de ser atacados”. Sobre todo desde ese traumático 11 de septiembre, que reveló como nunca la vulnerabilidad del “imperio”. El llamado a “la confianza” funcionó, y las bromas del candidato, que marcaban su pertenencia étnica: “Algunos votantes podrían preocuparse, no se me ve como a los otros presidentes en los billetes de dólar”. Las palabras de Michelle: “No debería estar aquí, tan cerca de convertirme en Primera Dama, soy una chica de clase media baja de Chicago, a la que dijeron en muchas ocasiones que no hiciera esto o aquello, porque no era para mí”. Alcanzó tantos objetivos “que no eran para ella”. Apoyó a su esposo y se convirtió ella misma en un modelo. En público, como en privado: “Sí podemos”. Una niña negra, en la zona industrial de Chicago. Su tatarabuelo, Jim Robinson, fue esclavo en una plantación de arroz en Carolina del sur. Uno de los aproximadamente 14 millones 270 mil africanos (UNESCO) vendidos como esclavos en el continente. Los que no soñaron la “tierra prometida”. Los que fueron cazados, y atravesaron el océano con grilletes y cadenas. Los hacendados del sur llamaban a la esclavitud: “La institución peculiar”. No era monstruosa. Nada más “peculiar”. En estos meses, los familiares más ancianos (y antes desconocidos) de Michelle le transmitieron su historia. Realizó “Estudios Afro-Americanos” en Princeton. Su tesis: “Los negros educados en Princeton y la comunidad negra… Mis experiencias en Princeton han hecho que note más que nunca mi ‘negritud’, no importa lo liberales o lo abiertos de mente que sean algunos de mis profesores y compañeros blancos, en ocasiones me siento como un visitante. Para muchos blancos en Princeton, siempre seré primero una negra y segundo una estudiante”. La oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades —con apoyos económicos— estaba, pero la “marca” de esa diferencia racial también estaba. Es abogada por la Universidad de Harvard. La primera cita con Obama fue a: Do the right thing, la película de Spike Lee, el talentoso retratista de las complejidades de la negritud. Suena premonitorio. Si no fuera más bien, la realización de ese instante afortunado, en el que se entrecruzan, las búsquedas y las afinidades de dos vidas. Michelle ha sido una “working mother”. El discurso del amor de pareja, la unión y la solidaridad familiar, fue otro leit motiv: “Papá y mamá volcaron cuanto tenían en Craig y en mí. Fue el regalo más maravilloso que un niño puede recibir: no dudar nunca, ni siquiera por un minuto, que eres amado, apreciado, y que tienes —por lo tanto— un lugar en este mundo”. Y de allí, a las propuestas de políticas públicas postergadas: “Pasamos la última década hablando de valores familiares, no he visto que en la realidad valoricemos a las mujeres o a esos valores… Nuestros recursos emocionales y financieros fueron destinados a la guerra. No hablamos de salud, educación, guarderías, ingreso mínimo. Las problemáticas básicas que afectan la estructura familiar”. 1955. Rosa Parks se negó a cederle su lugar a un blanco en un autobús en Alabama. 1967. La Suprema Corte retiró las leyes que impedían el matrimonio y la sexualidad entre negros y blancos. Enero 2009. La tataranieta del esclavo Jim Robinson. Enciende las velas. Para una cena con su esposo y con sus hijas. En la Casa pintada de blanco. |