El voto del 4 de noviembre ha sido universal. Newsweek, en su portada lo definía: “The world hopes for its first president”. Esa frase es la magnitud: “El mundo espera a su primer presidente”. The Economist, que es algo más que la “vieja señora” (frase sobre un famoso equipo italiano de futbol) del periodismo habla del “Global Electoral College”. Las encuestas mundiales son: 75% de los chinos por Obama y 70% de los alemanes. The Economist eleva la puntería: “en 56 países, incluyendo Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia, Corea del Sur e Indonesia (país en que pasó parte de su infancia Barack Obama) apoyaron a Obama en 90%”. Los pueblos, quieren el cambio. Ese presidente ha sido lejano testigo de la Cumbre de los 20 que aspiraba a generar la unidad histórica frente a la crisis. Todos sus líderes sabían una cosa esencial: que su proyecto, unidad en los principios y soluciones nacionales de Estado, tendrá que tener, en la primavera de Obama (hacia marzo) una Conferencia, de decisiones, con Obama. Él lo sabe. Nada será válido si no se asumen dos cosas fundamentales: a) quién pagará el costo global y b) que la economía es, ante todo, la economía de la gente. En ese punto residirá, en lo profundo, la reversión estratégica mundial del nuevo Bretton Woods. En su primera conferencia pública (CBS 60 Minutes) entre otras cosas dijo: “que estaba leyendo todo sobre los primeros días del presidente Franklin Delano Roosevelt”. Añadió “que esperaba emularle”. Paradigma válido. Él insiste en la economía de la gente; no la de los banqueros: “55% de los hogares estadounidenses reduce sus gastos; 63% sus planes de vacaciones; 81% renuncia a los restaurantes incluyendo la ‘fast food’ (lo que será una buena noticia para la salud colectiva del país y grato para mí que vivo como un yogui); entretenimientos y conciertos rebajados en 72%; en 37% el servicio doméstico”. Finalmente la interrogación sacra: “¿reducirá usted sus gastos navideños?”. La respuesta es “yes”: 56%. Esa es la encuesta publicada por USA Today el 17 de noviembre. La gente en la calle con sus cuitas. El desempleo 6.1%; las previsiones para 2009 un nivel preocupador: 9%. Si el consumo se reduce también la economía. Dilema no menos real. ¿Y Roosevelt? Roosevelt era un patricio. Familia poderosa de orígenes franceses-holandeses. De niño con tutores y nurses. Viajes de la familia, normales, por Inglaterra, Francia, Alemania. Universidades Columbia y Harvard. En ese aspecto, desde dos clases antagónicas, Obama y Roosevelt (que había visto en la Casa Blanca a un Roosevelt del tipo toro, es decir, a Theodore Roosevelt, presidente 26) se entrenaron, en las mismas universidades famosas. ¿Estudiar “los días de Roosevelt” presidente 32? Me parece absolutamente correcto. Franklin D. Roosevelt heredó, en las elecciones de 1932, la Gran Depresión. Se había iniciado, en 1929, con el derrumbe de Wall Street. Al comenzar su gobierno 24% de la población activa estaba sin empleo y sólo hasta 1940 (en su segundo mandato) se superó el PIB per cápita de 1929. “Terminamos, dijo, una ‘decade of misery’…”. En el mismo mes de marzo de 1932 firmó la Ley de la Reconstrucción, redujo 15% de los salarios de la burocracia y emprendió, sin citar a Keynes ni pagarle derechos de autor, las grandes obras públicas del Estado que generaron 2 millones de empleos. El patricio hizo un discurso claro. En una caricatura se dijo: “Hasta los banqueros han comprendido”. Es bien difícil. En 1941, no se olvide, la Guerra Mundial puso en marcha la enorme maquinaria del país. Obama tiene que terminar, al revés, las guerras de Bush. El gobierno de Irak, por 27 votos contra 1, acaba de aprobar que las tropas de EU deberán estar fuera del país en tres años. Los votos por Obama, en Irak, comprometen. Estamos ante un dramático inicio. |