La orden que este muchacho recibió de sus superiores fue terminante: matarlos —de una manera “cruel y salvaje”—: atravesándoles el cuerpo con afilados instrumentos de acero. Sin embargo… no. Él promete que no se convertirá en ningún criminal, aunque lo reprueben o expulsen. Se trata de un estudiante de preparatoria que se hace llamar Paprika. Joven lector de El Gráfico, quien mediante una carta se dice preocupado por la violencia que predomina en la sociedad, al tiempo que acusa a sus maestros —no especifica el plantel— de ordenar el “asesinato de miles de seres inocentes”, así como de “sembrar una semilla de maldad entre la juventud”. Una “nefasta instrucción”, presuntamente avalada por las autoridades de Educación Pública: matar bichos (arañas, escarabajos, mariposas, etcétera) para fines de estudio. Una práctica que, desde luego, el quejoso rechaza. “Es verdad que vemos bichos por todas partes, que están lo mismo en el guardarropa que en el jardín, la cocina, la ventana, etcétera. Que algunos nos parecen asquerosos o nos dan miedo. Pero esa no es razón para que nos conviertan en asesinos”, dice en su curioso texto. Cuenta también que su profesor de biología, “sin usar ningún criterio” y sólo por acatar al pie de la letra el protocolo de un programa de estudios, ha ordenado que exterminen con sus propias manos a los bichos que recolecten: “Los toman entre los dedos, los sujetan fuerte y les atraviesan la pancita con un alfiler”. “Pienso que los insectos contribuyen al equilibrio ecológico y que hay que respetar su forma de vida, porque también nos sirven a las personas. Por ejemplo, las arañas se comen a los mosquitos y moscas, evitando que su número se incremente y ocasione alteraciones en la cadena ecológica. “No podemos negarnos al aprendizaje de la biología, pero no es indispensable asesinar a los especímenes. Una mejor manera, si no podemos traerlos vivos, sería que pudiéramos localizar animalitos que ya han sido muertos por otro animal y simplemente recogerlos, así respetando el equilibrio ambiental. “¿Por qué nos piden que los asesinemos? ¿Por qué no plantear otras maneras? ¿Sienten dolor los insectos? ¿Por qué sólo se prohíbe en las escuelas hacer prácticas con ranas y conejos, pero no hacen nada para salvar a los pobres insectos, cuando también son seres vivos? ¿Por qué si defienden derechos humanos, no hay una (comisión) que defienda los derechos insectívoros?...”. Muchas otras preguntas deja abiertas este singular joven capitalino que se rebela a irse “con el montón” y hace frente al… insecticidio. amilcarsalazar@yahoo.com |