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México D.F., a 18 de noviembre de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
18 de noviembre de 2008
Nicaragua, ¿un consenso imposible?


Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, parece tener la virtud de polarizar la vida de Nicaragua.

Sus cuatro candidaturas no han agotado, en el viejo militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, la tentación del poder. Es manifiesto que el país está seriamente dividido y, por ello, los problemas de la pobreza y la desigualdad acentúan las contradicciones. Los probados y lamentables datos de corrupción de la clase dirigente —un ex presidente está en la cárcel por ello— hacen más compleja y delicada la formación de un gobierno que, exento de una verdadera mayoría calificada, pueda elegir opciones consensuadas y, por tanto, establecer un centro moderado e inteligente entre facciones.

Daniel Ortega, al margen o no de sus capacidades políticas y de la memoria histórica del Frente Sandinista, ha revelado, una vez más, que no es el hombre del consenso. Carece de condiciones personales para serlo y, dada la polarización del país, no cabe desear nada más que un hombre —o una mujer bien entendido— que sean aptos para el compromiso y la negociación. Esa faceta no tiene nada que ver con Daniel Ortega, quien mantiene una posición política dogmática que no resuelve, sino que amplía, la crisis de una República que arrastra consigo una memoria herida por tribulaciones notables de la sociedad.

La última presentación de Ortega como candidato presidencial era una opción que, de antemano, no iba a encontrar acuerdos. Lo eficiente hubiera sido ampliar la base política del Frente Sandinista buscándose una personalidad consensual. Una izquierda —sería muy simplista decir que los lineamientos de Ortega se corresponden con una izquierda moderna— que no asume la división del país y que no aspira a entender, con todas sus causas, los dilemas de fondo, inevitablemente, como lo está reviviendo Daniel Ortega, se encontrará en un callejón sin salida. La incapacidad para dejar paso a nuevos candidatos, la referencia personalizada de carácter permanente, convierte el error en una catástrofe política que el país no merece.

Según la Cepal, Nicaragua cuenta, en 2008, con 5 milllones 677 mil habitantes y, a precios corrientes, con un ingreso per cápita de 5 mil 300 dólares. Sólo Haití tenía menos: 4 mil 900. Considerada la mensuración per cápita a precios constantes del año 2000, el PIB per cápita de Nicaragua, en 2006, era valorado por la Cepal en 863 dólares; el de Haití en 383 dólares.

De acuerdo con los datos del Atlaseco (Atlas Économique Mondial 2007) la mitad de la población nicaragüense vive en la pobreza y, añade, “23.3% en situación de extrema pobreza”. Insiste: “La economía es muy vulnerable y el Fondo Monetario suspendió una parte de sus ayudas esperando que se produjeran las reformas estructurales. El endeudamiento público es elevado y también el déficit corriente estructural”. El Atlas citado, al evaluar, a su vez, a precios constantes, el PIB per cápita de Nicaragua, coincide con la Cepal; esto es, a precios constantes, en 2005, el Atlas concedía a Nicaragua 910 dólares per cápita en 2005.

En suma, una tasa de inflación alta que agrava los problemas de los asalariados y crea fuertes grupos de especuladores. La elevación del precio de los alimentos y un alto desempleo despojan, aún más, a los grupos más desfavorecidos: la mayoría.

Anclar la lucha electoral en posiciones ideológicas sin asumir la necesidad de un encuentro nacional de consenso incrementa las tensiones y agrava las “descalificaciones primarias”. En el año 2005, bajo la presión internacional se impuso un acuerdo entre las dos partes. Pero las elecciones presidenciales siguientes, con los mismos o parecidos interlocutores, paralizaron los acuerdos. Duro es decirlo, necesario entenderlo.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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