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México D.F., a 18 de noviembre de 2008 | 9:05 AM

Macario Schettino
Economía Informal
18 de noviembre de 2008
Una nueva arquitectura

Por mucho tiempo se ha insistido en que el mundo vivía mejor antes. Nada de extraño tiene esto, si recordamos que “todo tiempo pasado fue mejor”

Pero en este caso se sostiene que los años de la posguerra (1946-1971) fueron mejores que cualquier tiempo posterior debido a la combinación de un arreglo financiero internacional (Bretton Woods) y a un “modelo económico” al interior de los países que privilegiaba al Estado. Según nos dicen, eso nos permitió vivir mejor entonces, y a eso deberíamos regresar. Quienes sostienen esto, agregan que si no regresamos es porque el sistema actual (el neoliberalismo) le beneficia a las grandes corporaciones, que tienen suficiente poder como para controlar ese sistema mundial y seguirnos explotando.

Como ocurre siempre con estas explicaciones, aunque tienen trazas de verdad, los argumentos son, en esencia, falsos. Vamos por partes. Primero, efectivamente hay más crecimiento económico en la posguerra que en cualquier momento posterior (y también anterior, por cierto). En esos 25 años, el mundo crece a 3% anual por habitante, y varias regiones lo hacen aún más rápido. Europa, toda, crece a 4% anual por habitante, el Medio Oriente un poco más, Corea del Sur a 4.5%, y Japón a 8%. Pero otros crecen menos. América Latina, en promedio, creció a 2.4% (nosotros llegamos a 3%, “milagro”). África creció a 2% anual promedio, por habitante, China un poco más, India un poco menos.

En cambio, en los tiempos recientes hemos crecido menos. No está fácil calcular esto, porque no podemos establecer con claridad el punto de arranque. No es como en Bretton Woods, que claramente tiene un inicio y un fin. Pero si iniciamos en 1990 el cálculo, el crecimiento mundial de entonces a 2006 es de 2.2% anual por habitante. Europa no alcanza 1.8%, y América Latina se queda en 1.6%. Japón ha crecido apenas 1%, y el continente africano lo mismo. Las estrellas son India, con 4.5% promedio, Corea con 4.7%, y China con 7.6%. Todos los cálculos se han hecho con base en los datos de Angus Maddison.

A pesar de que el crecimiento es menor en este período, la pobreza se ha reducido significativamente. Hoy hay mucho menos pobres que en 1981 en el mundo (como lo comentamos en el blog del lunes). Esto es resultado del gran crecimiento de India y China, que suman 40% de la población mundial, y un porcentaje mucho mayor de pobres. Así que decir que la posguerra fue mejor no es una frase correcta, porque depende de para quién. Para los pobres en China e India, no hay nada comparado con lo que hoy ocurre. Para los pobres de América Latina y África, tampoco, porque ahora sí reciben transferencias que antes no recibían, aunque sus países crecieran.

Y es que quienes opinamos y discutimos no somos pobres. Y por eso nuestra evaluación está sesgada. Cuando decimos que Bretton Woods fue el mejor período de la historia, hablamos por nuestro grupo social: la clase media.

Una vez aclarado el asunto del crecimiento, y del bienestar, que no son lo mismo, falta saber si efectivamente ese periodo de gran crecimiento es resultado del arreglo internacional y de las políticas estatistas.

No está nada sencillo evaluar esto. El crecimiento de la posguerra está muy asociado a un exceso de capacidad productiva después de la Segunda Guerra Mundial, tanto en EU como en Europa y Japón. En América Latina, como hemos comentado en otras ocasiones, teníamos recursos ociosos que fuimos utilizando paulatinamente hasta agotarlos en los años sesenta. De hecho, es en esa década cuando en todo el mundo occidental se agota el margen que teníamos de recursos ociosos, y la estrategia de crecimiento, basada en un gobierno grande, empieza a provocar serios problemas de financiamiento. La caída de Bretton Woods es precisamente resultado de cómo Estados Unidos decide financiar sus gastos de esa década, tanto la guerra en Vietnam como el inmenso gasto público de Lyndon Johnson.

La expansión del Estado de Bienestar tuvo costos muy elevados, que no podían pagarse con la forma de administración de la economía de la posguerra. Esto no debería requerir más demostración que el derrumbe del sistema, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ningún país pudo mantener el ritmo de crecimiento de ese Estado de Bienestar bajo el esquema de crecimiento de la posguerra. Simplemente era imposible. La población crecía, envejecía, los costos se elevaban, y mantener el nivel de empleo sólo podía lograrse con inflaciones cada vez mayores. Por eso en los años setenta todos los países industrializados tienen que corregir el rumbo. Unos más, otros menos, como es normal.

Parece que, además, ocurre un fenómeno poco común a partir de los años ochenta: la sustitución del capital como factor productivo principal, lo que provocará efectos que, sumados a lo que hemos visto, darán origen al mundo en que vivimos, que no puede ya regresar a Bretton Woods.

Más allá de la retórica de este fin de semana, el nuevo acuerdo mundial tendrá que construirse sobre esta nueva realidad, de la que seguiremos hablando pronto.

  Acerca del autor
email:macario@macarios.com.mx

Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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