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México D.F., a 16 de noviembre de 2008 | 11:55 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
16 de noviembre de 2008
Memorias de un negociador político: Dr. Atl

Sólo hay un Murillo famoso, hasta el momento, en la pintura española: Bartolomé Esteban Murillo

Sólo hay un Murillo famoso, hasta el momento, en la pintura española: Bartolomé Esteban Murillo. Vino al mundo, en el resplandor de Sevilla en 1617. Murió en 1682. En su taller quedó un cuadro suyo inacabado: El matrimonio místico de Santa Catalina.

En la pintura mexicana hay un Murillo: Gerardo Murillo. Fue devorado por su seudónimo Atl, Dr. Atl. Ese vocablo, en lengua náhuatl, significa agua. No atlacacemelle que presupone, según los eruditos, “hombre de mala condición”. Revés y por el revés. De sí mismo, Gerardo Murillo decía, así nomás: “¿Por qué no habría yo de buscarme un nombre yo mismo puesto que no estaba de acuerdo con mis gentes ni con el santo varón bajo cuyo patrocinio me pusieron? El que ahora llevo es emanación directa de las circunstancias, de mi modo de vivir y de mi espíritu independiente. Yo soy el Dr. Atl porque soy el Dr. Atl, y todo lo bueno y malo que he hecho y que tenga cierto valor, lo hice yo, el Dr. Atl, bautizado paganamente, con el agua maravillosa de la alegría de vivir”.

Atlas, en griego, significa el no fatigable (a tlao). ¿Quiso ser el infatigable Gerardo Murillo-Atl? Atlácatl, según Macazaga Ordoño, puede significar “hombre inhumano y sin razón”, pero Carocci arguye que esa palabra significa “hombre de agua, como marinero”. Acepto, sin autoridad, esa última versión porque me acerca a Rafael Alberti y su poema “Marinero en tierra”. Lo que no sabía el Dr. Atl es que él terminaría siendo agua y fuego, es decir, la tierra ardiente: el volcán. Atl fue el hombre de los volcanes en la pintura.

Gerardo Murillo nació en Guadalajara en 1875. Zuno dijo que Gerardo Murillo Cornadó “es del puritito y mero barrio de San Juan de Dios e hijo de aquel simpatiquísimo matrimonio catalán que poseía una casa y una botica en la esquina frontera del templo. Murillo fue testigo presencial de un hecho terrible: el asesinato del gobernador de Guadalajara, general Ramón Corona, el 10 de noviembre de 1889. Iba con su mujer y un hijo a la vera, camino del Teatro Principal, cuando se cruzó con su asesino, Primitivo Ron”. Éste le dio cuatro puñaladas. El gobernador pudo regresar, a pie, hasta la Casa de Gobierno. Allí murió al día siguiente: “Ocho de la mañana”. El tal Primitivo Ron con el mismo cuchillo, se suicidó allí mismo: en la misma sangre. ¿Móvil político del porfiriato? A Ramón Corona le entregó Maximiliano su espada, en Querétaro, en señal de rendición. Lo ratifica el historiador galo, André Castelot; otros dijeron que la espada se entregó al general Echegaray. Gerardo Murillo tenía, en la ocasión del crimen, 14 años. Se decía que don Porfirio estaba detrás del crimen. Gerardo Murillo se declaró “antiporfirista revolucionario”. La vida es una asombrosa caja de sorpresas.

Gerardo Murillo viajó a Europa. Vivió la rebelión neoimpresionista, estudió y pintó. También se vinculó a los revolucionarios europeos. Lo extraordinario y pocas veces citado es que Carranza envió al pintor a negociar con Emiliano Zapata (yo escribí una biografía de Zapata que se publicó en portugués en Portugal y Brasil) y lo ratifica John Womack en su Zapata and the Mexican Revolution. Womack define a Gerardo Murillo “como un intelectual del mundo del trabajo que era mejor conocido como Dr. Atl”. Según Womarck, no hubo acuerdo. “Murillo lo pasó mal porque Zapata llamaba traidores y contrarrevolucionarios a los carrancistas”. Época de juicios sumarios.

El pintor admirable de la tierra, con retratos notables —lo que se dice pocas veces— fue atrapado por el estallido de las pasiones. Nada nuevo para un apasionado como él.

El papel de Atl entre Carranza, Zapata y Obregón es una etapa dramática de un tiempo histórico que ignora, abomina y exalta, condena y destruye. Murillo lo vivió. No se dice, ¿por qué?

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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