La conferencia de los “20” del 15 de noviembre se realiza después de la consagración de un nuevo presidente en Estados Unidos. Un acontecimiento, sin duda, universal en estos momentos críticos del mundo. En suma, ¿puede asumir Bush las responsabilidades de un nuevo Bretton Woods sin la presencia activa del nuevo gabinete? La cuestión no es menor para tomar decisiones que se corresponden ya, no solamente, con la crisis financiera, sino con sus efectos en la economía real, esto es, con la economía de la gente, es decir, con el empleo y, en consecuencia, con el rescate de las industrias que, sin créditos, y con un proceso previo de naufragio (como la industria automovilística de EU, por tomar un problema candente) se encuentra en el peor momento de su historia. En suma, la economía real, la de la gente, entra en el escenario en el momento mismo de la votación más tensa de EU. La situación previa, es decir, el “rescate” de los bancos y el sistema financiero —¡qué silencio ex ante y ex post, de las instituciones de Bretton Woods, Fondo Monetario y Banco Mundial fundadas en 1944!— ya se ha definido en tres decisiones: a) la inyección gigantesca de liquidez en el sistema; b) la garantía de los préstamos interbancarios; y c) la nacionalización parcial o completa de los bancos en dificultad. En ese espacio los “20” podrían decir que, de haberse tomado esas decisiones inmediatamente al derrumbe del Lehman Brothers, que intoxicó todo el sistema, estaríamos hablando de otra situación y, cabe añadir, que fue en Inglaterra, en el número 10 de Downing Street, donde no se tuvo miedo. En el “patio central” de Adam Smith, pero también de Ricardo y Keynes, se aplicaron medidas drásticas. Ello salvó, personalmente, al primer ministro de Inglaterra que perdía terreno, aceleradamente, ante los conservadores. La reflexión teórica de los “20” tiene que ser clara: “¿Quién pagará los platos rotos, es decir, qué futuro tienen, ante sí, los contribuyentes? Tema clave mientras los Estados, con pies de plomo, comienzan a plantearse si es “aceptable” que los responsables del desastre hayan tenido unos salarios asombrosos mientras hundían el patrimonio colectivo. La complicidad es enorme. Pero no se espere demasiado de las medidas morales cuando no existe una ética que asuma algo básico: que no existe país desarrollado que no haya visto reducirse la participación de la masa salarial en el PIB frente a las minorías que, en la globalización, han concentrado aceleradamente la riqueza. En los países más desarrollados la masa salarial ha perdido entre 10 y 12 puntos. En México, desde hace dos generaciones, la masa salarial no representa nada más, escasamente, que 30% del PIB. Ahora se agravará. En Europa ha bajado para ser entre 55% y 65%. Pero, en orden a la Cumbre de los “20” sí cabe advertir que, si bien se han tomado medidas decisorias —sin duda necesarias e irremediables salvo el caos— el problema se desplaza ya hacia la gente, hacia las empresas y, en suma, a la economía real: la de todos. En otras palabras: las empresas y los hogares se enfrentan con la recesión. Si tomamos el caso de EU pasada ya la gigantesca demanda de los bancos y de Wall Street, el dilema se traslada ya, inclusive, a las grandes transnacionales industriales, es decir, a todo el sector automovilístico norteamericano y, por tanto, General Motors, Ford y, en el mismo plano, otros grandes colosos industriales. La interacción de ese proceso afecta a los chinos, los europeos, los países asiáticos y, desde luego, a los países latinoamericanos. En suma, ahora se descenderá de las alturas a las empresas y, repito, a los hogares. Sería muy grave que no se advirtiera ya, con todo rigor, que el derrumbe de las bolsas ha contaminado la economía real y hay que pagar el precio y defender, ahora, a la economía real: a la gente. |