Desde 1979, cada 12 de noviembre se celebra, por decreto presidencial, el Día Nacional del Libro, establecido para conmemorar el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz. El pasado miércoles no fue la excepción, ello a pesar de que la fecha en la que se basó dicho decreto (12 de noviembre de 1651) haya sido ya casi completamente refutada por una fe de bautismo del 2 de diciembre de 1648. Sea como fuere, el Día Nacional del Libro se continúa y suponemos que se continuará celebrando cada 12 de noviembre en honor de la Décima Musa, la misma que escribió: “Yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tenía mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones a estorbarlo”. De acuerdo con el decreto del entonces presidente José López Portillo, el 12 de noviembre “será dedicado a la divulgación del libro, a nivel nacional, considerando que la educación dentro del proceso de desarrollo del país es prioritaria”. Por ello, se estableció “la formulación y realización de los programas necesarios para que se dé la mayor difusión al libro, especialmente en la fecha señalada, así como la reducción de los precios de venta de los libros”. Aunque al decreto no se le haga caso puntualmente, el Día Nacional del Libro sigue siendo, desde hace casi ya 30 años, una fecha oportuna que nos da un buen pretexto para hablar del libro, reflexionar sobre la lectura y celebrar la alegría o, como dijera más acertadamente Gabriel Zaid, la felicidad de leer. Así, el pasado 12 de noviembre, el Centro Cultural Donceles 66 (“Espacio abierto al arte”) celebró el Día Nacional del Libro con un maratón de poesía en homenaje a José Emilio Pacheco (1939), poeta, narrador, ensayista, cronista, sabio de la lectura y hombre de letras en toda la extensión de la palabra. Este homenaje múltiple y multitudinario a José Emilio Pacheco anticipó de algún modo tres celebraciones que ocurrirán en 2009: los 70 años de edad de nuestro gran escritor (el 30 de junio), los 40 años de No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes), uno de sus libros emblemáticos, y, precisamente, el 30 aniversario del Día Nacional del Libro. José Emilio Pacheco, voz de la tribu, es sin duda una de las grandes figuras de la poesía en lengua española, autor de más de una docena de libros fundamentales y con una trayectoria de medio siglo que se cumplió precisamente en este 2008, pues sus primeros poemas datan de 1958, esos de la Primera condición (1958-1959) de su obra inaugural Los elementos de la noche (1963). Hace 50 años escribió: “Es medianoche a la mitad del siglo./ Todo es el huracán y el viento en fuga./ Todo nos interroga y recrimina./ Pero nada responde,/ nada persiste contra el fluir del día”. En No me preguntes cómo pasa el tiempo, su libro que cumplirá cuatro décadas el año próximo, leemos: “Hace calor. Seguimos caminando./ No quiero responder ni preguntarme/ si algo escrito hoy dejará huellas/ más profundas que un casco desechable/ o una envoltura plástica arrojada/ a las aguas del Tíber./ Acaso nuestros versos duren tanto/ como un modelo Ford 69/ —y muchísimo menos que el Volkswagen”. Testigo y protagonista del siglo XX y principios del XXI, José Emilio Pacheco hace la crónica poética de nuestra imperfección y nuestra vida efímera. Sus poemas son testimonios que nos sitúan siempre en la realidad: “Escribo unas palabras/ y al minuto/ ya dicen otra cosa,/ significan/ una intención distinta,/ se hacen dóciles/ al Carbono catorce:/ Criptogramas/ de un pueblo remotísimo/ que busca/ la escritura en tinieblas”. |