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México D.F., a 11 de noviembre de 2008 | 9:05 AM

El Duende Preguntón
¿Sabe o no sabe?
11 de noviembre de 2008
“¿Y los que estaban abajo qué?”


Llegó a mi correo el siguiente mensaje que circula por internet de una sobreviviente de esa tragedia, y que reproduzco editado por motivos de espacio. Lo firma la arquitecta Aline García Cortés y dice así:

“Escribo esto como un medio de liberar la rabia contenida que siento. El martes 4 de noviembre parecía ser un día normal, como cualquier otro en la oficina.

“Son 6:29 p.m. Ya me quiero ir, está oscuro y hay mucho tráfico; discuto con Chava: quiere que le mande por correo los planos de carpintería y ya es la hora de salida. Regreso a mi lugar y mientras adjunto el archivo (…) aprieto ‘enviar’ y se escucha un ruido terrible, se cimbra el edificio y se va la luz. Felipe y yo nos pegamos a la ventana. Vemos el ‘hongo’ de fuego. Justo en la esquina de la calle alguien de la oficina grita: ‘¿Qué pasó?’ Felipe dice: ‘Voló un transformador o un rayo’ (…) Corro hacia la ventana de la recepción. Hay mucho fuego. Está justo en la esquina, son autos los que se están quemando.

“(…) Las llamas son muy altas, vemos su reflejo en los cristales del Súper Servicio Lomas (donde se iba a construir la Torre Bicentenario). Salimos a la calle. ‘¡Muevan sus carros!’, grita alguien (...) Hay gente corriendo por todos lados, algunos se alejan, otros van hacia donde está el incendio. Gina dice: ‘Están echando balazos’, pero no: son los autos que están explotando uno a uno, en dirección hacia donde estamos parados.

“Los autos se empiezan a echar en reversa, chocan, se meten en sentido contrario; en el afán de alejarse de lugar avientan los carros a los transeúntes. Yo estoy parada en el camellón. Felipe me grita: ‘¡Aline, vámonos!’...

“Ya al llegar a casa, veo las imágenes en la televisión (…) Y por fin, me entero quiénes eran las personas que viajaban en la avioneta que se estrelló a media cuadra del lugar donde trabajo.

“Toda la información gira en torno a los pasajeros de la avioneta: ‘Grandes mexicanos que sirvieron a su patria’; hablan de ocho o seis muertos y yo no dejo de preguntarme: ¿y los que estaban abajo qué?

“Lo siento por las familias de los que viajaban en la avioneta, pero mi cabeza gira en torno a todas las personas que estaban abajo y con quienes he convivido durante los dos años que llevo trabajando en la zona.

“Quienes estaban parados en el tráfico, como tantas veces he estado yo; quienes iban caminando por la banqueta; la chava del puesto de dulces donde siempre compramos los chescos; la señora del puesto de quesadillas y de hamburguesas (que volaron con la explosión); el bolero que siempre está a la entrada del puente de cristal; el valet parking del HSBC; los chavos del puesto de jugos a quienes tantas veces les he comprado el juguito de la mañana; el puesto de periódicos en que aparecen en todas las fotografías de los autos incendiados; el señor de las tortas a quien tantas veces fuimos a comprarle la tortuga a la hora de la comida, y quien varias personas han dicho haberlo visto salir de su puesto envuelto en llamas caminar hasta la esquina y desplomarse en el piso, y quien al parecer ha fallecido por las quemaduras en su cuerpo.

“Hoy (jueves pasado), como todos los días al salir del metro Auditorio y caminar en dirección a la Fuente de Petróleos para ir al trabajo, me topo con el cortejo fúnebre de las personas que iban en el avión y quienes van a recibir un homenaje póstumo en campo Marte(…) veo helicópteros que van llegando al lugar del homenaje y me alejo escuchando aún el Himno Nacional. No puedo evitarlo: siento una rabia hacia todos ellos cuando recuerdo lo ocurrido la tarde del martes.

“’Duelo nacional por los funcionaros fallecidos’, ¿pero los ciudadanos comunes y corrientes, aquellos que salen todos los días al trabajo, esperando regresar por la noche a casa y que ya no volverán? ¿Aquellos que perdieron a un padre, un hijo, un hermano? Decenas de autos incendiados, personas que perdieron su medio de trabajo y el sustento de sus familias. Mexicanos comunes y corrientes, que no luchaban contra el narcotráfico, ni eran secretarios de ninguna dependencia, pero ellos, como millones de nosotros, hacemos lo que es este país que tanto quiero, México”.

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