Los datos que tiene ante sí el presidente electo de Estados Unidos (el 44 en la lista iniciada por George Washington en 1789) son impresionantes. El desempleo, que afectaba en octubre a 6.1% de la población económicamente activa (el más alto desde los años 40) ha ascendido ya, en noviembre, a 6.5% y según las variables de The Wall Street Journal (del 8 de noviembre) la tasa de desocupación puede llegar, en 2009, a 8%. Les recuerdo a ustedes que la herencia de la Gran Depresión posibilitó que, todavía en 1940, el desempleo fuera de 9.9% y sólo descendió a 4.7%, en 1941, al entrar Estados Unidos en la II Guerra Mundial y transformarse en la máquina económica y militar del mundo. Por si ello fuera poco, las dos joyas de la corona económica estadounidense, la General Motors y la Ford anuncian su crisis. The Wall Street Journal dedicaba las seis columnas de la primera página, día 8, a ese inmenso problema: “Auto-Industry Crisis, Job losses Test Obama”. En suma, el nuevo “test” para Obama. El déficit presupuestario, calculado en 455,000 millones de dólares, es decir alrededor de la mitad del PIB de México, se une al déficit de la balanza comercial. En efecto, pese a la devaluación del dólar que permitió a sus exportadores más posibilidades, el saldo desfavorable será superior a los 708,000 millones de dólares y la deuda pública que suponía 70.5% del PNB entra en un universo imaginario con las cifras, en dólares, inyectada en la economía: 1.3 trillones de dólares norteamericanos. Estamos hablando de la primera economía del mundo y con un nivel de trabajo y de competitividad notablemente altos. Un norteamericano trabaja 1,797 horas al año en tanto que un francés 1,564. El tiempo semanal promedio en EU es de 46 horas y en Francia de 39. Un norteamericano tiene 14 días de vacaciones anuales de promedio, y un francés, 37. Más aún, y con razón congruente, la tasa de actividad para el grupo de edades de 55 a 64 años, asumiéndose su experiencia y responsabilidad, es de 63.8% en tanto que en Francia, como proposición europea, es de 40.4 años y, en algunos países europeos no se sueña —soñaba— nada más que con la jubilación. En esa perspectiva, la contradicción es patente puesto que el estadounidense no ahorra y, por tanto, vive a niveles altos, pero en el cuadro del “plástico” lo que conduce, ante cualquier variación de las tasas, como ocurrió con las hipotecarias, a vivir una tragedia. Esa situación no es disociable, a su vez, del hecho de que Estados Unidos ha dejado de ser el primer exportador del planeta, pero imbatible como “primer importador” del mundo. Esa pérdida de poder real acentúa la historia de un país consumidor que importa más que vende y que, en todas las esferas, es “deudor internacional”. Situación que hace posible una nueva contradicción: que sus acreedores, para que el mercado USA no se hunda, invierten en EU para impedir que sus déficit en la balanza de mercados y de capitales suponga el estallido, en cadena, de todos los mercados. Prueba de ello la crisis actual. La parte positiva que tiene ante sí Obama es el área de los “valores intangibles”, que son básicos para el desarrollo. Su inversión en Investigación es 2.62% de su PNB y 40% de su población, en 2006, tenía estudios superiores. Ello se refleja en sus 86 Premios Nobel en Medicina, sus 81 en Física, sus 64 en Química. Pero, a su vez, Obama se encuentra con un Presupuesto Militar y de Seguridad de 610,000 millones de dólares (2007) y una Industria Militar que conforma un poder real en la producción. Revertir el Gasto Público, sin crisis, es una revolución y, el regreso de los militares al campo productivo plantea, en la crisis del empleo, dificultades ciertas. La máquina de guerra, en suma, esconde y elude problemas. Barack Obama, el hombre del cambio —el voto es mundial— tiene ante sí una impresionante tarea. |