Este sistema dejó de funcionar en 1971, cuando Estados Unidos abandonó su tipo de cambio fijo con respecto al oro, que era el pilar del acuerdo. Para inicios de los 80, cuando los países industrializados iniciaron sus planes antiinflacionarios y causaron la crisis de la deuda externa en otras naciones, se empezó a hablar de construir un nuevo acuerdo. Sin embargo, la utilización más común de Bretton Woods II es para designar el funcionamiento, informal, del sistema financiero desde fines del siglo pasado. A partir de entonces fue muy clara la decisión de países en desarrollo de financiar a EU para poderle vender, y fue a eso a lo que Brad Setser y Nouriel Roubini llamaron Bretton Woods II, y fue lo que sugirieron que terminaría en una gran crisis cuando EU ya no pudiera sostener su tren de vida, porque el resto del mundo dejaría de financiarlo. No fue así, la crisis no ocurrió porque el resto del mundo haya dejado de prestarle a Estados Unidos, sino por una falla financiera al interior de ese país. Setser aclara muy bien por qué en http://blogs.cfr.org/setser/2008/10/21/the-end-of-bretton-woods-2/, por si quiere leerlo. El establecimiento de un orden financiero mundial exige, principalmente, un acuerdo acerca de cómo valuar las monedas de los países. Además de eso, se pueden hacer muchas otras cosas, pero no son determinantes. Por ejemplo, en 1944 se decidió crear organizaciones que ayudaran a evitar problemas serios con balanza de pagos e inflación (FMI), o con desempleo (BM), y se intentó hacer lo mismo en materia de comercio exterior (OIC, que no se logró fundar). Pero no es esto lo relevante de Bretton Woods, sino el acuerdo de que el dólar tendría tipo de cambio fijo con el oro, y el resto de las monedas con respecto al dólar. Los tipos de cambio fijos impedían devaluaciones “competitivas”, como las realizadas en los años 30 por diferentes países para poder exportar más fácil. Una devaluación de este tipo es competencia desleal, porque es equivalente a imponer un arancel a las importaciones y subsidiar las exportaciones de manera simultánea. Y esto provocó, antes de la II Guerra Mundial, problemas muy serios entre países industrializados (recuerde que casi no había países en desarrollo entonces, sólo América Latina, porque toda Africa y buena parte de Asia eran colonias). El sistema de tipos de cambio fijos no permitía mantener un gran desbalance en cuenta corriente, porque un déficit no podía financiarse fácilmente, y tampoco podía colocarse un superávit. No había gran movimiento de capitales en esos años. Desde 1971, el dólar dejó de tener un tipo de cambio fijo, y para fines de los setenta prácticamente todos los países industrializados ya lo habían seguido hacia el tipo de cambio flexible. Nosotros lo hicimos muchos años después, porque mientras experimentamos con diversos regímenes cambiarios (flotación sucia, tipo de cambio dual, banda de flotación). Pero un sistema de tipos de cambio flexibles sí permite mantener un desbalance en las cuentas externas. China, por ejemplo, ha mantenido un tipo de cambio artificialmente bajo en su moneda, aunque eso supone vender barato el trabajo de su gente. No le ha importado a ese país, porque su objetivo parece ser establecer una base industrial para el futuro, aunque eso le cueste a la generación actual. Al mantener el yuan barato, puede exportar mucho a Estados Unidos, lo que lleva a que este país tenga un déficit muy grande. Para evitar que Estados Unidos deje de comprar, una parte muy significativa de las reservas de China se colocan en Estados Unidos, financiando ese déficit. Es a este mecanismo al que Setser y otros han llamado Bretton Woods II. Este fin de semana, cuando se reúnan los responsables de las finanzas de los países más importantes del mundo, habrá mucho que discutir, pero no será nada sencillo lograr un acuerdo, ya sea que se llame Bretton Woods II o III, o que tenga otro nombre. No está fácil porque, a diferencia de 1944, hoy existen dos centenas de naciones en el mundo. A diferencia de entonces, no hay un bloque de países “buenos” y otro de “malos”. No hay, tampoco, un liderazgo claro. Y, muy importante, a diferencia de Bretton Woods, en que hubo dos países negociando (Estados Unidos y Reino Unido) y varios otros viendo, ahora todos suponen que pueden participar en la negociación. Y como sabe cualquiera que se ha dedicado a esto, mientras más negociadores, menos negociación. La verdad, hoy están China y Japón de un lado (superavitarios), Estados Unidos del otro (deficitario), y varios testigos enfrente. Tal vez la Unión Europea pueda considerarse un casi-participante, pero los demás seremos sólo testigos. Y cuando se discute de dinero, ni la retórica de Sarkozy ni la de Lula sirven de mucho. |