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México D.F., a 10 de noviembre de 2008 | 9:05 AM

Fernando Cano Valle
Katharsis
10 de noviembre de 2008
Contaminación ambiental invernal

No se ha enfatizado suficiente el daño potencial de los contaminantes ya que sólo se ha insistido en los efectos agudos, que finalmente desaparecen y no se les da importancia

Es posible plantear que los problemas ambientales tienen su origen en la misma actividad que sostiene el orden social, especialmente en el estilo de desarrollo que opera en cada país, y que los matices presentes en esos problemas reflejan, en el estado de salud de la población, los alcances y limitaciones dentro de los cuales se desenvuelve la propia sociedad.

Hasta la década de los 80 se reconoció que la contaminación ambiental implicaba y era causa de altos costos sociales y políticos. Varias encuestas, realizadas en la última década, sobre la percepción de la población acerca de las causas y las formas de controlar la contaminación atmosférica en la ciudad de México, dan cuenta que sus habitantes no identifican programas específicos para mejorar la calidad del aire y consideran que los datos del gobierno sobre los niveles de contaminantes son falsos. Un alto porcentaje culpa de la contaminación a las fábricas, y otro igualmente alto considera a las acciones de control como restricciones necesarias y no como medidas para evitar daños a la salud.

Estos datos se han mantenido a pesar de que en los tres programas de control de la calidad del aire que han existido se han incluido actividades de educación e información a la población; si bien, con diferentes intensidades, contenidos y poblaciones blanco.

Hacia mediados de la década de los 80 comenzaron a ser evidentes para la mayoría de la población del DF los altos niveles de contaminantes atmosféricos alcanzados la mayoría de los días y que, con mucha frecuencia, producían ardor en los ojos, dolor de cabeza o dificultad para respirar. Además, en los hospitales y consultorios médicos se hizo evidente un aumento en los casos con crisis de asma y descompensación de enfermedades respiratorias crónicas, así como una duración inusualmente prolongada de las infecciones respiratorias superiores agudas.

Durante los años 90 se crearon y consolidaron la mayoría de los grupos de investigación con los que contamos actualmente. Los intereses de estos grupos consistieron del lado epidemiológico, en documentar impactos de la contaminación del aire sobre hospitalizaciones y consultas por infecciones respiratorias o crisis asmáticas, y del lado biomédico, en caracterizar alteraciones celulares o subcelulares en animales o seres humanos expuestos a concentraciones de contaminantes observadas en la ciudad de México.

Cuando se ha estudiado el impacto de la contaminación ambiental hacemos estudios sobre la fisiología respiratoria, medimos gases, volúmenes, flujos aéreos y así cuantificamos el daño en poblaciones de ancianos o niños, cuando éste en realidad se presenta en todas las edades; al verse superados los mecanismos de defensa respiratorias por el contaminante, el agente nocivo se encuentra circulando en la sangre produciendo estrés oxidante y daño en todos los aparatos y sistemas del ser humano y no sólo el respiratorio.

Cuando planteamos una política ambiental adecuada hemos volteado a ver a los políticos cuando la complejidad de los factores toxicológicos, médico-epidemiólogos, sociales, económicos y tecnológicos hacen que esta área sea considerada de gran especialización, por lo que ya está encima o acaba de pasar y buena parte de los políticos no perciben plenamente el grave perfil de este problema.

En lo que compete a la salud no se ha enfatizado suficiente el daño potencial de los contaminantes ya que sólo se ha insistido en efectos agudos, que finalmente desaparecen y no se les da importancia.

Efectos crónicos, la afectación más importante a la salud y que ha sido poco contemplada, es el impacto que diversos gases, así como las partículas suspendidas menores a 2.5 pm (PM 2.5) que pueden penetrar al torrente circulatorio inducen modificaciones metabólicas trascendentes que modifican la historia natural de la mayor parte de los padecimientos crónico-degenerativos afectando evolución, tratamiento y pronósticos.

Todo lo anterior debe tomarse en cuenta ante los cambios climáticos que pueden presentarse, sobre todo en las grandes ciudades y zonas más frías de México. Se requieren más y mejores medidas de control, más aún cuando los valores máximos y promedios en el área urbana del ozono, partículas PM10 y PM2.5 se encuentran por arriba de la norma más de 80% de los días de las 7:00 a las 20:00 horas.

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