Tengo un rosario de dudas a 5 días del accidente (que eso fue: la clave es saber si hubo o no sabotaje) que acabó con la vida de JC Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos y 12 personas más. Van algunas de ellas: Por un lado Luis Téllez se afana en probar —con alarde científico y apoyo internacional, la única triste forma, al parecer, de que creamos lo que nos diga— que fue un o una serie de errores humanos… Por otro, está la carta publicada ayer en medios, de Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre de JC y también el discurso de Germán Martínez en la sede del PAN. ¿No eran como señales a la delincuencia organizada a la que decían, había que continuar combatiendo pese a que “Iván” ya no está? Más como amigo, eso sí, fue este último mensaje, el de ayer, de Felipe Calderón. Más cualidades, imposible. Que nunca nada lo detuvo. “Tampoco después de la muerte lo podrán detener”. ¿Es respuesta a la información que se anuncia? Un nuevo libro de Anabel Hernández, que ayer Proceso adelantaba: 170 contratos con varias dependencias del gobierno tendrían las empresas de los Mouriño. Ojo: 70% firmados en esta administración. Y peor: “En estas empresas, Juan Camilo aparece como socio activo o tesorero”. Entonces, varias preguntas: ¿Hay contradicción? ¿Qué lectura se debe hacer entre líneas? ¿O ya es un uso político de la muerte del secretario? ¿El PAN como su héroe y mártir; otros como ejemplo de tráfico de influencias del miembro más destacado de la “nueva clase política”? Si esta investigación concluirá en 11 meses, el hecho contaminará y será usado —ya verá cada quién cómo— en las elecciones de 2009. ¿O usted cuántos días le da a AMLO para que diga algo al respecto? Y luego está la información que falta. ¿Qué pasó con el helicóptero A1505 que salió del edificio de ICA, en esa zona, rumbo a Toluca, y qué pasó a 600 metros de diferencia, de altitud, con el avión del gobierno federal? Está en Reporte Índigo el testimonio de Emilio Hernández Galindo, el piloto que venía en la cabina de un vuelo de Magnicharters, justo detrás del jet de Mouriño. Hay decenas de testimonios de pilotos, pero este, el que venía detrás, desestima fallas. Es más, que ellos, en pleno vuelo, sintieron la turbulencia provocada por la explosión. ¿Existe alguna línea de investigación de por qué José Luis Santiago Vasconcelos viajaba en la aeronave? ¿Recuerdan que había granadas antiaéreas en el arsenal confiscado a quienes querían atentar contra él en diciembre de 2007 y enero pasado? ¿De quién fue la orden de disminuirle el número de guaruras, como lo recuerda su amigo y colaborador Edgardo Buscaglia? Y de las versiones de que la aeronave venía con alguna de sus partes con fuego. ¿No hay videos, por cierto? ¿Ninguno? OBAMLO… Diferencias y similitudes Hay similitudes entre Barack Obama y AMLO: ambos son activistas sociales, a favor de los pobres y marginados. Estudiaron Ciencias Políticas. Destacan por sus vidas austeras, vienen de la clase media. Apostaron en sus discursos a “la gente” y no a “los poderosos”. Buscaron canales de propaganda no tradicionales y otras formas de financiamiento. Los dos provocaron pánico en la derecha y campañas negativas. Pero hay cosas que claramente los diferencian. Obama se proyectó al centro eludiendo siempre presentar la elección como “negros y blancos”. AMLO, en cambio, polarizó a la opinión pública: “ricos y pobres”. Olvidó que los últimos aspiran a subir; los primeros no quieren bajar. Obama insistió y provocó debates presidenciales, aún cuando encabezaba las preferencias. AMLO no fue. Obama buscó el electorado joven desde el inicio de su campaña, recorrió universidades, movilizó a jóvenes por internet; AMLO se desentendió de este mercado electoral de 22 millones de cibernautas en 2006 y nunca visitó una universidad durante su campaña. Obama blanqueó “la propaganda negra” y respondió como “chachalaca” a sus críticos; AMLO se pasmó, enmudeció y dejó correr los spots del “peligro para México”. Cuando reaccionó, el daño estaba hecho: el graznido de chachalaca pudo más que el coletazo del Peje. . |