He buscado su nombre en el Diccionario Enciclopédico de México, pero no aparece. Lo he buscado en Quién es quién en la nomenclatura de la ciudad de México y tampoco está (hablo de la segunda edición, aumentada, publicada en 1971) y, finalmente, encuentro su nombre en el Diccionario Porrúa, que le dedica 13 líneas. Se llamó Pascasio Ortiz de Letona. Vivía en Guadalajara, donde estudiaba botánica. Era guatemalteco de origen, pero vivía, como americano, la pasión por la Independencia. A la hora del pronunciamiento por la libertad, Pascasio Ortiz de Letona se unió al movimiento revolucionario y puede ser denominado y bautizado como el primer diplomático mexicano. ¿No merecería una calle y una historia? Pascasio Ortiz de Letona, después de haber sido protegido por el oficial real don Salvador Batres, a la hora de la verdad no dudó en elegir el campo de los americanos. Digo “americanos” porque los independentistas se atenían a la dimensión de una región entera. No cabe olvidar que el Plan de Iguala, proclamando la Independencia de México, como América Septentrional, el 24 de febrero de 1821, comienza con ese vocativo común: “Americanos”. Ese americano llamado Pascasio Ortiz de Letona —que me parece un personaje notable— fue nombrado por Hidalgo, el 13 de diciembre de 1810, primer embajador de México ante Estados Unidos. Ya he dicho, en otra ocasión, que ese memorable documento, histórico en orden al proyecto de establecer relaciones con la Unión Americana, fue firmado el 13 de diciembre de 1810, de la siguiente forma: “Miguel Hidalgo, generalísimo de América.— Ignacio Allende, capitán general de América.— José María Chico, ministro de Gracia y Justicia, presidente de esta Nueva América (transcribo a la letra) más otros firmantes”. En 1810, Ortiz de Letona tenía 35 años y, de pronto, recibió ese nombramiento extraordinario: “Teniendo entera confianza y satisfacción en vos, D. Pascual Ortiz de Letona, nuestro mariscal de campo, plenipotenciario y embajador de nuestro cuerpo cerca del Supremo Congreso de los Estados Unidos de América… para que por Nos y representando todo nuestro poder y facultad en la más amplia forma que se requiera y sea necesaria para que por Nos y representando nuestras propias personas, y conforme a las instrucciones que os tenemos comunicadas, podáis tratar, ajustar y arreglar una alianza ofensiva y defensiva, tratados de comercio útil y lucroso para ambas naciones, y cuanto más convenga a nuestra mutua felicidad, accediendo y firmando cualesquiera artículos, pactos o convenios…” El notable Isidro Favela, al comentar ese documento señala que era inmensamente desproporcionado y, además, se dirigía al Congreso y no al presidente. Añade Favela que no tenían nada claro el mundo diplomático. (Archivo Histórico Diplomático Mexicano y Editorial Porrúa) Lo cierto es que Pascasio Ortiz de Letona se puso en camino hacia Washington. No llegó nunca. Fue apresado en el camino, según Isidro Favela, por el “justicia” de Molango, en la Huasteca. Cambió una onza de oro, despertó sospechas, fue hecho preso y enviado, entre fierros, a la ciudad de México. Para evitar denunciar a los firmantes de ese documento con impresionantes poderes, Pascasio Ortiz de Letona, que debía ir preparado para ello, se suicidó en el camino. Nunca pudieron juzgarle en la Ciudad de los Palacios ni presentarse ante James Madison, cuarto presidente de Estados Unidos. Fue elegido, Madison, por el Colegio Electoral (entonces representando sólo a 17 estados) y cuyo mandato se inició en 1809 y, reelegido, terminó en 1817. Estados Unidos tenía, en 1810, 7 millones 239 mil 93 habitantes de los cuales un millón 191 mil 364 eran esclavos y 186 mil 746, negros libertos. La vida y muerte del primer diplomático mexicano merecería una plaza y su nombre. |