Vivimos un tiempo acelerado de cambio cultural en muchos órdenes de la vida, de los deseos y de la experiencia. Sin embargo, cada quien lo vive desde su espacio cotidiano y sus gustos, desde su terruño o su frontera. Esta columna invita a los lectores y lectoras a escribir un renglón, dos, o los que quieran, para compartir lo que les ha impactado íntimamente en este tránsito del siglo XX al XXI, sea como actor o como espectador. Tiro la primera piedra. Me arriesgo a hacer públicos parte de mi propios tránsitos culturales. Mi memoria está llena de grandes y pequeños momentos. Ahí va una difícil selección sin orden ni jerarquía: Ver triunfar al primer presidente afroamericano en Estados Unidos, Barack Obama. Sonrisas y lágrimas para la memoria de la humanidad. Oír música en casete y pasar al iPod y al iTunes en tan poco tiempo. Aprender los comandos del sistema operativo DOS y a diseñar sistemas de información en red. Ver una obra de teatro de Jodorowsky a los siete años. Leer Fausto y también La tierra del faisán y del venado. Saber qué música le gustaba a Friedrich Nietzsche y poder escucharla. Haber trabajado con Guillermo Bonfil y cruzado la puerta de la mexicanidad hasta la cocina. Hablar largo con Víctor Hugo Rascón Banda. Hacer el papel principal de una obra de teatro del absurdo en una cárcel de Pachuca, donde los presos no se iban, aunque no había rejas. Comer en Oaxaca con Francisco Toledo. Viajar a Mexicali acompañada de Manuel Felguérez. Recibir serenata y flores de un indígena tzotzil en una fiesta de Santa Rosa de Lima. Oír cantar a Plácido Domingo, a Olivia Gorra y a Ramón Vargas en el Metropolitan Opera House. Que alguien que cumple años, hoy viernes 7 de noviembre, me dedicara su película como egresado del CUEC. Gracias y ¡Felicidades! Comentar las fotos de Pedro Meyer en el Facebook. Caminar por las calles de Girona y alimentar los afectos del otro lado del océano Atlántico. El primer performance que vi de Gómez Peña. Escuchar tocar el piano a Nahui, mi hija, y ver las fotos que toma. Recordar a mi padre cantando y tocando guitarra. Pasear por el tianguis del Chopo, pero mejor aún, haber ganado un premio en algún concierto de rock. Encontrar en la Biblioteca de México los originales de los bandos contra los sacerdotes insurgentes levantados en armas durante la guerra de independencia. Ver triunfar a Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Salma Hayeck en la meca del cine. Bailar en una fiesta callejera, en el Salón Riviera, en Los Ángeles, en el Salón México o en la embajada jarocha. Cruzar a pie la frontera de Nuevo Laredo, ver la movida de los migrantes y encontrarme con alguien que no sé de dónde viene, ni a dónde va. Ver actuar en vivo a los Rolling Stones, a Pina Baush, a Carbono 14 y al Odin Theatre. El movimiento cultural urbano del terremoto del 85. El concierto que organizó Jorge Córdoba a propósito del tsunami. Los rostros de niños y niñas cuando bailan. Ver a Horacio Franco tocar la flauta ante miradas sorprendidas de su presencia en un patio de escuela pública. Querido lector, lectora, ahora le toca a usted. |