Barack Hussein Obama. Un hombre negro. Presidente de Estados Unidos. Un representante de una minoría racial. De apenas 47 años. Con un discurso de esperanza, y un lenguaje poético. Elegido presidente. Del “imperio”. Miro su foto. Constato. No es una alucinación venturosa. Es un hecho. Avasallante. A apreciar con ojos desmesurados. Arrasó con la elección, histórica por varias razones. Entre ellas, la inmensa ola de votantes. 130 millones de personas. Colas. Desde la madrugada. Ocho años de Bush. Votar por “el cambio”. Por la construcción de nuevos acuerdos. Negociaciones más justas, hacia adentro y hacia afuera. “Podemos reparar el mundo”, propuso Obama. Y su voz. Fue escuchada. Ese “nosotros”, desde el cual habla. Llama a la participación. Al compromiso colectivo. Ese esperanzador “podemos sumarnos”, que propone bordar acuerdos. Entre individuos. Y entre comunidades. Que ofrece una esperanza indispensable: intentar bordarlos, entre naciones. Pareciera que el “imperio” está harto de sí mismo. Desilusionado. La mayoría de los estadounidenses ya no desea reflejarse en ese espejo de “grandeza”, y “poder”, que les servían: El que pasa por las armas. Invade. Impone. Hiere. El que termina actuando como boomerang. En su territorio. Para muchos sonaba “cursi”, Obama. “No se gana la presidencia con poesía”. El lenguaje poético, no niega la realidad. La nombra. No es la antítesis del “discurso con contenidos”. Como si flotara una convicción: “Los eficaces son rudos”. Alguien la susurró al oído de Hillary. No le fue útil. La rudeza. Algo cambiaba. En los modos de sentir de un pueblo. Obama soñó ese cambio. Quizá sucedía. No tenía manera de medirlo. La suya parecía una apuesta temeraria. Se lanzó. Esa fue su convicción, honesta y esperanzada. Es de una extraordinaria belleza. Que la inteligencia abstracta y emocional, el deseo de negociar, la honestidad, la sencillez. La ternura. Haya sido un imán irresistible. “El derecho de los ciudadanos a la felicidad”. Como objetivo legítimo. No sólo, el derecho de los ciudadanos estadounidenses. Obama, representa a un pueblo que quizá, desea comenzar a mirar, más allá de sus fronteras, y de sus intereses. No atrincherarse. Abrirse. No odiar. Entender. Centenas de miles de pequeños donadores. La poesía, fue la audacia del lenguaje, capaz de transmitir. “La audacia de la esperanza”. A un pueblo. Que la buscaba. Desesperadamente. Según constatamos. Leí que la familia Bush, abandona la Casa Blanca, con sus perritos. Se les hizo tardísimo. Como de ocho años. Que se vaya. Con su despotismo y su rabia. Con sus decisiones abusivas. Con las centenas de miles de voces, que su prepotencia no le permitió escuchar. Que se vaya con su crueldad. Con la sangre que se lleva en las manos. Con sus Guantánamos. Y con sus “adorables terriers escoceses”. El Presidente is a nigger. A black man. Es un privilegio hablar de su color. Sin eufemismos. Abolir el lenguaje políticamente correcto. En este caso concreto. Recordé al escritor martiniqués Aimé Césaire, y su reivindicación de la “negritud”: “La negritud es el reconocimiento del hecho de ser negro, la aceptación de este hecho, de nuestro destino de negros, de nuestra historia y nuestra cultura “. A su lado, el escritor senegalés, Lépold Sédar, escribía: “La negritud es el conjunto de valores culturales del mundo negro, como se expresan en la vida, las instituciones y las obras de los negros. Es una realidad: un nudo de realidades”. Una identidad. Es muy importante. La reivindicación del derecho de la minoría negra, a su cultura y a su identidad, el triunfo luminoso de uno de los suyos. Es la reivindicación de un idéntico derecho para cada minoría. Para cada ser humano. El sueño de Luther King: cohabitación multicultural, y multirracial. Pacífica y en igualdad de derechos. En la letra, y en la realidad, más cotidiana. Las lágrimas. Del reverendo Jackson. Compañero de Luther King, en el movimiento por los derechos civiles: “Barack, logró, lo que otros intentamos con la ‘coalición del arco iris’, unir a las razas, y colores, en una coalición integradora. Este país comienza a asumir su condición diversa, y es grandioso”. El slogan del líder chicano César Chávez (y en él su corazón ¿cómo dudarlo?) coreado por una multitud, recibió a Mister President. The black guy. “Yes we can”. |