Tómala barbón!, en mis 603 años, pajarracos, —que, por cierto, acabo de cumplir el domingo pasado— he visto muchas cosas de la historia de la humanidad. Presencié milagros hermosos, co mo el renacer del humanismo y las artes tras el oscurantismo de la Edad Media; asistí a horrores como las dos guerras mundiales y su estela de muerte y destrucción; pude ser testigo de muchas luchas libertarias, como las de las colonias que pelearon por su independencia en los últimos dos siglos; vi más recientemente caer el muro de Berlín. Pero si alguien me hubiera dicho que iba ver a un hombre de color sentarse en la Oficina Oval, francamente, pajarillos, lo habría dudado. Hoy es posible que asistamos, ustedes y yo, a la caída de otro mito, de algo que parecía imposible apenas hace 40 años. Algo que hasta hace 10 era tema de ficción e inspiraba audaces y transgresoras películas o series de televisión, ahora se ve a punto de ocurrir. Si las encuestas no fallan y no hay una catástrofe que lo impida, Barack Hussein Obama Jr., un hombre de color de 47 años, originario de Honolulu, Hawai, donde nació el 4 de agosto del ´61, de padre keniano y madre estadounidense, se convertirá hoy en el ganador de la elección presidencial de Estados Unidos y, tal vez esta misma noche, sea declarado presidente electo de la nación más poderosa del mundo. “No crean por un segundo que estas elecciones se han acabado. No crean por un momento que se alcanzará el poder sin luchar. Tenemos que trabajar como si nuestro futuro dependiese de ello en las próximas 24 horas, porque sí que depende de ello”, dijo ayer Obama a sus seguidores. El hombre en el que muchos estadounidenses y también los ciudadanos de muchos otros países han depositado sus esperanzas de un cambio en la superpotencia, parece dispuesto y decidido a tomar el poder. ¿Podrá hacer realmente un cambio? ¿Le permitirán los enormes intereses políticos y económicos que rigen el poder y las políticas del imperio, realmente cambiar algo? Eso todavía tendremos que verlo, pajaritos. Por ahora, lo que podremos presenciar hoy es cómo una sociedad, que todavía hace cuatro décadas despreciaba a los negros y les impedía sentarse en un autobús, entrar a lugares públicos donde hubiera blancos o casarse con alguien que no fuera de su color, vence sus miedos y su racismo atávico. El racismo que estuvo presente desde la fundación de la Unión Americana, cuando en el Acta Independentista se negaron los derechos a los esclavos, en su mayoría negros. El desprecio racial que se confirmó con la infame decisión de la Corte Suprema estadounidense en el caso de Dred Scott, un esclavo negro que reclamó sus derechos ante el máximo órgano de justicia de la naciente nación y éste, en una sentencia histórica, anunció enfáticamente: “un hombre negro no tiene ningún derecho que un hombre blanco esté comprometido a respetar” y que “la gente negra no eran ni podrían ser ciudadanos de Estados Unidos.” El mismo odio racial que condenó a los negros y otras minorías estadounidenses a ser simples esclavos primero, luego obreros, más tarde ciudadanos de segunda que construyeron con su trabajo la riqueza del país que se convertiría en la superpotencia. Ese odio contra el que, siglos después, lucharon Martín Luther King o Malcolm X, con métodos distintos, pero con el mismo fin: el reconocimiento pleno de los derechos de los negros en Estados Unidos. Esa lucha de siglos, que costó la vida de cientos de miles de afroamericanos, tendría hoy un nuevo gran logro, pajarracos. Si en México ya tuvimos hace dos siglos un presidente indígena —qué falta nos haría otro que no pensara sólo en beneficiar a los más ricos—, a los estadounidenses les llevó dos siglos más vencer ese racismo que aún persiste, tanto allá como aquí, y que hoy podría tener un revés histórico. En fin, pajarracos, preparémonos para atestiguar la historia; yo sumaré un hecho más a mi larga vida, espero que éste termine siendo venturoso, y muchos de ustedes asistirán a algo que tal vez mañana puedan contar a sus hijos o a sus nietos. “Yo vi cuando el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos ganó el poder”. |