“El mismo viejo libreto de campaña de Washington no sirve. Decirle al pueblo de Estados Unidos lo que quiere escuchar en lugar de decirle lo que necesita escuchar tampoco sirve”. “No quiero enfrentar a los Republicanos con los Demócratas”. “Nuestro país está en guerra y el planeta en peligro”. (http://www.youtube.com/watch?v=a-zLWkhNMdY). No son las 12 palabras con las que López Obrador trató de conmocionar al Congreso frente a la reforma de Pemex. Son 50 palabras de Obama con las que resume su visión de país. Las seis razones por las que ganará Obama la elección presidencial el día de hoy son las siguientes: 1. Reinventa, desde la minoría étnica, el sueño americano del siglo XXI. 2. Ofrece una estrategia de futuro para los jóvenes de su país. 3. Reconoce la realidad sin eufemismos. 4. Elimina el enfrentamiento entre partidos para pensar en un país, una nación. 5. Refuerza el etnocentrismo estadounidense (imprescindible en toda campaña electoral) a través de un geocentrismo estratégico. 6. Vehiculiza su discurso a través de la tecnología inmediática, como YouTube. No ha existido simulación tan surrealista como la que intentó representar McCain durante la pasada campaña electoral. El candidato de 73 años de edad con mangas arremangadas, pantalones de mezclilla Levi’s y una sonrisa Colgate se imaginó a un Estados Unidos de la época en que John Travolta y Olivia Newton-John bailaban en Vaselina los pasos que los jóvenes universitarios del planeta entero repetirían durante sus respectivas fiestas de graduación. Pero del Travolta dirigido por John Badham en Fiebre del sábado por la noche al Travolta dirigido por Quentin Tarantino en Pulp Fiction hay una globalización de diferencia. Obama desmontó el último mito cultural del siglo XX: “Un negro en la Casa Blanca, imposible”. Para que sobreviva el mito se necesita la complicidad del marasmo social: la intolerancia, el terrorismo, el islamismo radical, el conservadurismo obsesivo, el fundamentalismo religioso y un largo etcétera. Sólo desde lo imposible se inventa lo posible. McCain no compitió contra Obama. Lo hizo frente a Bush. Después de la caída del Muro, el fortalecimiento de la Unión Europea, la desaparición de la Unión Soviética, la intensificación del comercio internacional y el boom de la globalización cultural estadounidense, las demandas que debió atender el presidente Bush tendrían que haber apuntado hacia el fortalecimiento del multilateralismo. Pero sucedió lo contrario. Desde el 11 de septiembre de 2001 a la ONU la agredieron a través de soflamas apocalípticos provenientes de Washington. Siete años después un nuevo derrumbe sepultó a McCain en plena campaña: Wall Street y sus derivados. La victoria de Obama inaugura el siglo XXI. Tarde pero comenzará. Obama construyó una campaña hegeliana donde la dialéctica del amo y el esclavo la transformó a la del futuro y el pasado; el iPod (Obama) frente a General Motors (McCain); la era de la tecnología frente a la fordiana (industrial de principios del siglo pasado); lo intangible frente a lo tangible; YouTube frente a la televisión convencional (manipuladora). Descifrar la realidad, al parecer, no es sencillo y derrotar a la dictadura del mito, más. McCain nunca entendió la campaña electoral porque la naturaleza de ésta nunca asimiló a McCain. La campaña electoral tuvo como objetivo único la inauguración del siglo XXI. Obama tiene frente a él más expectativas fuera de Estados Unidos que en su propio país. He ahí el trabajo que deberán atender los líderes mundiales. ¿México comenzará el siglo XXI o se quedará en la metáfora de las 12 palabras? |