El mundo está en crisis y es preciso que los gobiernos utilicen todos sus recursos, económicos y humanos, para sobreponerse. Con esto en mente, la revista Nature publica un artículo sobre “La riqueza intelectual de las naciones”, que recalca la importancia de los recursos cognitivos como herramienta para el desarrollo económico y social. La clave, afirman, son intervenciones tempranas. El mundo actual requiere el desarrollo y funcionamiento óptimo de los individuos para responder a un mundo globalizado en el que las demandas aumentan constantemente y tienen efectos en la vida laboral de las personas. También han aumentado las exigencias individuales por el cambio en la estructura familiar que requiere compaginar demandas laborales con responsabilidades en el cuidado de niños y personas mayores. La depresión, demencia, problemas de aprendizaje y enfermedades mentales son retos a los que las sociedades actuales se enfrentan y que requieren intervenciones efectivas que minimicen sus efectos sobre las personas y la sociedad. Para ello es necesario identificar las necesidades de cada etapa de la vida para garantizar el desarrollo adecuado en la infancia, el bienestar en el trabajo, la salud mental y optimizar los recursos intelectuales de adultos mayores. Las evidencias demuestran que lo que empieza como pequeñas diferencias en el procesamiento de información en la infancia puede convertirse en problemas importantes en la vida adulta si no son tratados con repercusiones negativas en el rol social de una persona que ocasiona problemas de autoestima y frustración. La adolescencia es otro momento crítico que requiere políticas diseñadas para hacer intervenciones puntuales y efectivas. Es en esta etapa cuando el cerebro sufre importantes cambios tanto en su estructura como en la función, siendo un momento importante de la formación de conexiones entre neuronas. Esto sucede en un contexto en el que el adolescente pasa por importantes ajustes emocionales y hormonales siendo especialmente vulnerable a comportamientos de riesgo y abuso de sustancias. Por lo tanto, dichas conductas en un cerebro en desarrollo tendrá efectos a largo plazo con alteraciones en el aprendizaje, la atención y la función. En los adultos, es necesario mejorar el bienestar laboral para optimizar el desarrollo individual de las personas y promover su bienestar. Asimismo, recomiendan el aprendizaje constante y contar con apoyos efectivos para lidiar con problemas de depresión y abuso de sustancias. En tercer lugar, es indispensable optimizar la calidad de vida y la contribución intelectual de los adultos mayores a la sociedad. Es esencial promover el aprendizaje continuo en esta población para prevenir la pérdida de memoria asociada a demencias. Asimismo, los gobiernos deben permitir que continúen trabajando si así lo desean, así como incorporarlos al desarrollo de políticas que los conciernen. El combatir los estereotipos negativos asociados al envejecimiento es otro punto crucial. Intervenciones puntuales en la identificación y tratamiento de enfermedades específicas son esenciales para la preservación del capital intelectual nacional. Los problemas de aprendizaje, el Alzheimer, la depresión y la demencia cobran altas cuotas en la calidad de vida de las personas, además de tener ciertas repercusiones sociales negativas. Así, el desarrollo y uso del capital intelectual tiene efectos importantes en la competitividad y prosperidad económica de un país, además de promover entre los habitantes la salud mental, el bienestar y la cohesión social. Por la estrecha relación que existe entre todos estos elementos, salud y bienestar mental deben considerarse en el desarrollo de políticas y diseño de intervenciones. |