En pocas ocasiones he conocido a una persona que causara tanto amor, orgullo y ternura, tanto a propios como extraños. Yo lo conocí desde pequeña. Él nos platicaba, con un lenguaje perfectamente comprensible para un grupo de niños, de cómo había logrado sobrevivir el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial. Nos platicó cómo, apretado desde un tren que supuestamente lo llevaría a Alemania, vio las monstruosas chimeneas que llenaban el cielo polaco de humo negro. Aún no sabía que estaba en Auchwitz y menos que ese humo venía del crematorio. Durante la despedida del señor Gilbert alguien se acercó a Anabel Ochoa para contarle que durante lo que era la marcha de la muerte (el camino helado entre los campos de Birkenau y Auchwitz) éste le logró salvar la vida escondiéndolo en un barril. Es muy difícil que las nuevas generaciones entiendan la magnitud de lo que fue este exterminio sistemático, y más aún desde los ojos de un hombre que en ese entonces apenas vivía su adolescencia y logró sobrevivir para contarlo. Yo lo volví a encontrar años después, cuando estábamos preparándonos para hacer un viaje a los campos de exterminio en Polonia y documentar, con los ojos de una nueva generación, lo que ocurrió ahí. Salvador Gilbert llegó a México para sobrevivir y logró mantener su historia viva. Hace pocos años le pidió a su hijo Aaron que escribiera sus experiencias, porque él, ya mayor, estaba cansado. Aaron lo hizo y hoy existe ese libro llamado El último sobreviviente. En una nota personal y regresando al porqué les hablo de esto en esta columna, les platico: muchas veces me preguntan: ¿Por qué te dedicas a los espectáculos? La respuesta está aquí. Sin confundirme contesto: para conmoverme. La vida es muy curiosa. Hace una semana, pocos días antes de saber que perdería a su padre, Morris Gilbert nos reunió a muchos de los que formamos parte de su equipo para hacer la primera lectura de la obra Ana Frank, la cual estrenará a principios de 2009. La historia de esta niña llena de vida en los momentos más oscuros de la humanidad, sin duda será un tributo para Shie Gilbert y la tolerancia por la que siempre luchó. Por eso muchos seguimos en esto. Hay historias que deben ser contadas. Y escuchadas por todos. Hay cosas que no se tratan de rating, competencia o intereses mediáticos. Hay momentos para celebrar vidas y no me imagino una mejor que la don Salvador Gilbert. |