Eso de que si no hay química no hay amor es completamente cierto. En vano pueden ser los esfuerzos de cualquiera por conquistar a alguien y no pasará de ser amor platónico, si la química del cerebro (y no los latidos del corazón) no hace lo suyo. Y es que dependemos de procesos químicos para enamorarnos, ser solidarios, afectuosos y hasta buenos padres. Resulta que la oxitocina, hormona descubierta en el hipotálamo en procesos cerebrales, es la responsable de esto.En el útero, es necesaria durante el parto y en la glándula mamaria para liberar leche durante la lactancia. Además de funcionar como lo hace en su función de neurotransmisor, también tiene relación con el inicio de la conducta maternal, al actuar en el cerebro de la madre para aceptar al crío. Enamora y seduce Cuando una persona se somete a un masaje corporal reduce la ansiedad y disminuye el nivel de las hormonas relacionadas con el estrés, pero también aumenta los niveles de oxitocina; por ello, tiene un papel central en la estimulación mutua para establecer y reforzar las relaciones afectivas. Esta hormona ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes, tras la primera oleada de emoción. Por ello, todo lo que tiene que ver con el amor, desde el maternal hasta el curioso hecho de que algunos logren permanecer felices por décadas con la misma pareja, o que otros sean incapaces de forjar una relación duradera, es culpa de la dichosa oxitocina. nos vuelve buenos Así, las cosas del amor no son tan caprichosas como aparentan, pues la hormona actúa “cambiando conexiones” de los miles de millones de circuitos cerebrales; una sola exposición a ésta puede producir profundos cambios de comportamiento. En el orgasmo masculino, ayuda a inducir las contracciones de la próstata y las bolsas seminales. El efecto inmediato que conlleva la liberación de oxitocina durante el orgasmo femenino es inducir contracciones uterinas que ayudan a transportar el esperma hacia el óvulo. Esta hormona puede aumentar 80% la generosidad hacia los demás al incrementar este sentimiento, mejora la capacidad de confiar, promueve la actividad social y, según parece, ayuda a superar el temor a la traición creando un círculo de confianza y afecto. |